Acertada postulación de Carlos Carrión Figueroa

Santiago Armijos Valdivieso

Es de de lo más justo que la Casa de la Cultura Ecuatoriana (Núcleo de Loja) presente al Ministerio de Cultura y Patrimonio la candidatura del escritor lojano Carlos Carrión Figueroa para el Premio Nacional Eugenio Espejo en la categoría de creaciones, realizaciones o actividades literarias: máximo galardón que confiere el Estado ecuatoriano a quienes han dedicado su vida a la labor y desarrollo de la ciencia y la cultura.

Para la merecida postulación de Carlos Carrión se ha mencionado como razones fundamentales: la fidelidad a su tierra; y la búsqueda, a través de la literatura, de una sociedad más justa, más solidaria y menos indiferente al sufrimiento del hombre; lo cual es absolutamente cierto y plenamente evidenciado en toda una vida transparente ofrendada a las altas cumbres del quehacer intelectual.

Aunque ya lo había conocido literariamente por la fresca e ingeniosa prosa de sus novelas como: El deseo que lleva tu nombre, ¿Quién me ayuda a matar a mi mujer?, La Utopía de Madrid y La mantis religiosa; tuve el privilegio de conocerlo presencialmente y estrecharle la mano, en julio de 2016, en medio de un taller de literatura al que asistí para escuchar su magistral intervención en torno al trabajo literario.

Tan cuanto ocupó el espacio asignado al expositor, su aura de hombre sencillo e inteligente inundó todos los rincones del recinto y captó mi absoluta atención hacia todas y cada una de sus apasionadas y luminosas expresiones que no eran otra cosa que el reflejo de una existencia consagrada al reino de la literatura y al principado de la lectura y la escritura.

Incluso, tuve el tiempo para conversar amigablemente con él y trasladarlo en mi auto hacia su casa.

Su conversar fue cordial, chispeante, lleno de anécdotas y finas bromas, generoso al extremo y respaldado de una memoria prodigiosa al punto de haberme recreado, con punto y seña, alguna lejana y positiva experiencia universitaria vivida junto a mi abuelo paterno: Arturo Armijos Ayala; lo cual, incluso, motivó que me regalara una cordial dedicatoria en un ejemplar de sus novelas que lo guardo entrañablemente entre mis más preciados libros.

El mérito de Carrión Figueroa para el Premio Nacional Eugenio Espejo se torna más meritorio en la medida que su limpia y ejemplar vida ha transcurrido, inclaudicablemente, en una ciudad como Loja en la que, por estar alejada de los centros del poder en el Ecuador, todo es más difícil y esquivo, especialmente, para la divulgación nacional de obras literarias y en general para la dura carrera de un escritor.

Pese a eso, y seguramente, aunque debió ser tentado por repetidas ocasiones para abandonar Loja en busca de mejores oportunidades, decidió por afecto y convicción quedarse en el más hermosa rincón del mundo para compartir su talento literario desde las aulas de la querida Universidad Nacional de Loja; y, desde las páginas de sus extraordinarias obras para bregar por una sociedad más justa y solidaria como bien lo ha reconocido la Casa de la Cultura al postular su nombre para el más importante premio literario nacional.

Si alguien en este país merece el Premio Nacional Eugenio Espejo, ese es: Carlos Alfonso Carrión Figueroa.

Ojalá que así sea y con ello se haga justicia, en vida, a un hombre brillante que nació, ha vivido y vive para honrar la bella dimensión de las fábulas, la ficción y las letras.

Al apoyar su merecida candidatura también estaremos reivindicando a Loja: tierra fértil para el florecimiento de la cultura ecuatoriana.