Eduardo Mora Moreno: Poeta narrador y funcionario

María Antonieta Valdivieso C.

Benjamín Carrión en el nuevo relato Ecuatoriano, en su segunda edición, 1981,  en el capítulo IX El último rincón del mundo habla sobre las características tan peculiares de los lojanos, su gran interés por los asuntos culturales, “su ávida inquietud por el pensar y el hacer del mundo moderno, la curiosidad móvil de sus intelectuales y artistas plásticos. Su capacidad de sintonía con el pensamiento y la sensibilidad universales”.

Al referirse a Loja dice: “pueblo recoleto, alejado de todos los caminos del mundo. Víctima de la indiferencia criminal de todos los gobiernos centrales. Tierra pobre, esforzada y resuelta. Ascética, castellana, bien hablada y fronteriza”. En este marco surgen escritores extraordinarios como Pablo Palacio, con una literatura que sale de lo común, cuentos subjetivos, introspectivos, comparables a los de Kafka; Ángel F. Rojas, con Un idilio bobo, cuento escrito con gran técnica;  y,  sobre todo,  El éxodo de Yangana, novela adelantada  a su tiempo y  comparable con Cien años de soledad, publicada muchos años después. Y dentro de este entorno ubica a Eduardo Mora Moreno, de quien dice que es agricultor, político y funcionario y  transita por los caminos de la poesía y el relato corto.

Mora Moreno nació en Loja (26 de noviembre de 1906),  en donde realizó sus estudios primarios, secundarios y  cursó Derecho en la Facultad de Jurisprudencia. Desempeñó importantes cargos públicos, como presidente del  Ilustre Concejo Municipal y posteriormente Alcalde por elección popular, cargos que ejerció, como no podía ser de otra manera,  con total pulcritud y honorabilidad en el manejo de la cosa pública.

Según su hija Alba Luz Mora Anda, ejerció la primera alcaldía en situación de extrema pobreza fiscal, no obstante en su gobierno inició la adoquinación de las calles periféricas de la ciudad  con lo que se logró una mejor higiene y salubridad. También  este periodo se construyó el mercado municipal de San Sebastián. Durante su segunda administración  como alcalde ya contó con mayores rentas y pudo realizar más obras para una  ciudad en crecimiento y desarrollo. Fue gobernador de la provincia, diputado por Loja al Congreso Nacional, senador por la Agricultura y tuvo un destacado desempeño  como director de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, al que fue designado en 1973

Su vida como escritor empieza muy joven, en 1924 fundó y dirigió la revista Loxa, en donde publicó su relato Los amores del mayoral. Posteriormente, en 1939da a conocer su colección de cuentos a los que llamó Humo en las eras, y que según  Ángel F Rojas le permitió que Loja se adelantara a  los escritores  de la generación del 30.  “Cronológicamente, Loja se anticipó a los escritores guayaquileños en dar ese giro realista, vernáculo y objetivo”.

Realismo social existe en cada uno de los cinco cuentos que conforman el libro “parvo de dimensiones” Humo en las Eras y cuyo protagonista es el indio lojano y lo escoge, a decir de su hija Alba Luz, “para establecer el contrate racial, dentro del marco de la vigencia de leyes  que cada vez se habían hecho más injustas al finalizar el coloniaje  y que a pesar de la independencia y la República, aún campeaba el sistema con todos sus vicios”. 

 Con su obra fue uno de los primeros en denunciar la situación de miseria y abandono del campesinado ecuatoriano de la sierra. Al respecto Benjamín Carrión manifiesta que en sus relatos no aparecen “necesariamente gentes malas frente a gentes buenas; no cierra totalmente  la puerta a la esperanza, sino que tiene la capacidad de ver amorosamente el paisaje y decir lo visto con claro estilo, con transida ternura, con emocionante poesía”.

Empieza a cultivar la poesía a muy temprana edad,  la vena poética  le viene de ancestro, su padre Emiliano Mora Bermeo fue un poeta místico y cómo no, tuvo la valiosa influencia de ese suscitador de vocaciones que fue Carlos Manuel Espinosa.

Su poesía es tierna,  delicada,  descriptiva y sutil. En La casa familiar dice: Eres ya muy abuela, casa vieja y sombría, ¡cuánta niñez perdida volcó sus alegrías bajo tu amplia cobija! En tu regazo tierno se columpió mi infancia, y cómo eras entonces ante mis ojos niños ¡casita derruida! ¡Jaula de oro para el canario rubio de mi inquieta alegría!   En tono sentimental escribe unos versos que se han convertido en canción  “Hay en tus labios un acento puro de amor y de verdad. Tal vez como me quieres nunca nadie me ha querido jamás. Pero a pesar de todo, aquí en mi pecho mi corazón, inquieto está”

Según Carlos Alberto Palacios “imaginación, sentimiento, levedad y delicadeza caracterizan a la poesía de Eduardo Mora Moreno. Considera que conjuga a  perfección  prosa y verso: las palabras de su  prosa excitan, estimulan, colman las actividades; las palabras de su poesía las sosiegan, desearían suspenderlas.  Son su alma entera transparentada en bellas expresiones cargadas de una emoción lejana que se pierden en el horizonte de sus vivencias pasadas”.

Llevó una vida plena de vivencias y satisfacciones personales y profesionales. Puede ser que le faltó dedicarle tiempo a la literatura como le reclamó  alguna vez su primo hermano Benjamín Carrión, pero hay que considerar que durante mucho tiempo ejerció la función pública y que fue dueño de haciendas heredadas de la parte paterna,  a las que tuvo que dedicar gran parte de sus esfuerzos.   Hombre cabal  que al final de sus días pudo exclamar  como el poeta Amado Nervo: ¡Vida,  nada me debes, vida,  estamos en paz!   Murió en Quito el 11 de septiembre de  1987.

Obras consultadas:

Benjamín Carrión. Ensayos escogidos CCE. Eduardo Mora Moreno:

Cuento y poesía. Estudio introductorio de Alba Luz Mora.