Dignidad humana

Diego Lara León

Amartya Sen (premio Nobel de Economía 1998) dice que “la pobreza tiene mucho que ver con la privación de recursos económicos básicos, pero que lo importante no es la privación de los recursos en sí, sino la privación de capacidades”; y que, “la dignidad es la fuerza intrínseca de la vulnerabilidad”.

Hoy en día se habla mucho que los Estados manejados por los gobiernos de turno deben impulsar el crecimiento y desarrollo económico y social. Si logramos tener un mejor PIB, mejores ingresos, mas divisas, podremos generar crecimiento económico, pero si en este proceso no se respeta ni se fortalece la dignidad de las personas humanas, no estamos creando un desarrollo económico verdadero. Por ello, la sociedad en el sentido ético, es una sociedad en la cual todos los seres humanos que la integran reconocen, respetan y realizan mutuamente su dignidad humana. La dignidad depende de factores externos y de factores internos. Sus factores externos son el reconocimiento, respeto, y las condiciones concretas ya sean estas culturales, materiales, económicas o políticas. Pero más que todo, se trata a lo interno de respetar y conservar la dignidad humana del acceso a un empleo sustentable o a un emprendimiento escalable, a un sistema de salud y una educación oportunas, a sentirnos seguros y a una lucha política que otorgue una distribución más justa, a esto le llamamos una política de dignidad. En tal sentido, la capacidad humana de verse aún en circunstancias adversas, como persona completa e integral y, por tanto, el fortalecimiento de esta capacidad expresado como dignidad humana, debe ser vista como un requerimiento mínimo y un criterio de juicio ético.

Nuestra sociedad venía atravesando una grave crisis, agudizada de manera impensable como efecto de la crisis sanitaria. Todos debemos tener claro que cada uno de nosotros cumplimos un rol específico para procurar salir de ella. Procuremos que nuestro esfuerzo no esté encaminado únicamente al crecimiento de la economía, sino a su desarrollo y para ello no olvidemos cuidar la dignidad humana nuestra y la de nuestros semejantes.

Que las políticas públicas y los políticos, que la empresa y los empresarios, que la academia y los académicos, que la ciudadanía y los ciudadanos, en fin, que la sociedad y las personas nunca olvidemos fomentar la dignidad humana como eje principal del desarrollo, pero ¿cómo lograr esto?, pues empecemos practicando aquel viejo refrán “mis derechos terminan donde empiezan los derechos de los demás”.