Setenta y seis años marchando por caminos escarpados

Rafael Riofrío

Uno de los hechos más trascendentes de la historia ecuatoriana es la “Revolución del 28 de Mayo de 1944”. Donde artesanos, trabajadores, campesinos, indígenas, estudiantes, profesores junto a hombres y mujeres intelectuales de izquierda, combatieron al gobierno oligárquico de Arroyo del Río. Al cabo de lo cual fundaron la Confederación de Trabajadores del Ecuador, la Federación Ecuatoriana de Indios, la Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador, la Casa de la Cultura Ecuatoriana, entre otras organizaciones gremiales como la Unión Nacional de Educadores.

Así nace la UNE, un 4 de agosto de 1944, con la participación valiente de miles de maestros y maestras que afirmando primero su convicción profesional de servicio a la niñez, adolescencia y juventud, para guiarla y no solamente para incrementar una canasta de contenidos impuestos por el sistema, sino para que sepa valorar esos contenidos y aportar al desarrollo socioeconómico del país; además estos maestros y maestras con conciencia social se vincularon a las causas y necesidades sociales y al deseo de cambio de los pueblos que luchan por el anhelado buen vivir y por la libertad.

Han sido 76 años de unidad y lucha, enfrentando a los gobiernos antidemocráticos, dictatoriales civiles y militares. Isabel Vargas, Presidenta Nacional de la UNE, a propósito del aniversario del gremio manifestó que “la organización de los pueblos es una necesidad histórica para su liberación y la necesidad de resguardar la educación pública, laica, gratuita, de calidad y los derechos de las y los maestros ecuatorianos” que los gobiernos de turno han soslayado por atender las recetas de la oligarquía criolla y la banca chulquera internacional.

El régimen autoritario del correato-morenista, que a pesar de nombrarse revolucionario, aunque en la práctica encarna la prepotencia neoliberal, dispuso la criminalización y judicialización civil y penal de la lucha popular, para así “legalizar” la persecución y encarcelamiento de líderes populares y la disolución de las organizaciones gremiales y sociales como fue el caso de la UNE, cuya ilegalización era un viejo anhelo de la CIA, para lo cual las “mentes lúcidas”, fanáticas y sectarias utilizaron un grupo de serviles al régimen, una red para dividir a la organización. Sin embargo de aquello, la UNE sigue demandando el cumplimiento del 6% del PIB para la educación, la derogatoria del decreto 1153 que disminuye los salarios, exige el pago puntual de los sueldos y no de la deuda externa.

La UNE está legalizada y enraizada en el corazón de los ecuatorianos, ellos reconocen su historia de unidad y lucha, así como la oligarquía sabe de sobra que las organizaciones populares nacen por la necesidad de defender sus derechos y no para ser rastreros de nadie ni de ningún gobierno, a quienes resulta ser la “piedra en el zapato”.

Finalmente, saludo a la gloriosa UNE, con la que sigo “marchando por caminos escarpados y difíciles rodeados por todas partes de enemigos, precisamente para luchar contra ellos”, y con orgullo decir ¡Soy Maestro, soy de la UNE!