La corrupción como la honradez no tienen ideología

Ruy Fernando Hidalgo Montaño

La corrupción es un mal que ha perseguido a la humanidad desde que el mundo es mundo, sin importar las altas esferas de poder, ni los tugurios de las grandes urbes.

Ataca por todo lado, se cuela en donde tiene cabida, donde encuentra terreno propicio para ennegrecer con su cochambre de mugre putrefacta las conciencias de quienes caen en sus garras. Nuestro país ha sido víctima de esta lacra desde tiempos remotos hasta la fecha. Gobiernos de derecha, centro, e izquierda, han saqueado los fondos del erario público para beneficio personal y el de sus allegados. La corrupción se pasea campante por los elegantes pasillos de Carondelet, lo mismo que aparece en una humilde casa de los suburbios de cualquier ciudad del Ecuador. ¡Es que este mal se está generalizando tan alarmantemente! Que tal parece que la gente busca espacios de poder político deliberadamente. No con el noble afán de servir, sino ante poniendo la ambición personal de servirse de la posición eventual en la que los ubica la vida. Y no tratan de hacer lo mejor que puedan, sino de aprovecharse al máximo del cargo en el que circunstancialmente se encuentran.

¿Pero de donde proviene todo esto? Y la respuesta salta inmediatamente ante nuestros ojos, es que la estructura social está pudriéndose de manera muy veloz y amenaza con derrumbarse. Existe demasiada tolerancia frente al delito, impunidad para los delincuentes de saco y corbata, que hacen lo que les da la gana con lo que tienen bajo su mando y luego se largan a como dé lugar fuera del país y listo, agárralos para ver si puedes. Enseguida piden el asilo político tan de moda por estos tiempos de oscuridad que vive nuestra amada patria.

Como decía los malos hábitos se están masificando peligrosa y tristemente, y esto se ve reflejado en la disconformidad de la gente común y silvestre, frente a su cruda realidad, donde todo se maneja con billete. Desde que te dejen conducir en estado etílico, o vender insumos médicos de los hospitales en plena emergencia sanitaria, hasta negociar asignación de contratos a dedo con el porcentaje acordado por debajo de la mesa. Se encarga matar a un preso dentro de la cárcel para que no delate al capo mayor, mientras a una humilde ciudadana de la tercera edad, se la recluye en prisión por unos míseros 300 dólares, que son una minucia, comparados con los millones que se llevaron y se siguen llevando, los miembros de cierta familia que no hace falta nombrarla porque todos sabemos quiénes son. O también, los ya famosos diezmos que han sido una vieja costumbre de la que recién nos seguimos enterando, porque alguien destapó la hedionda olla de grillos y salió ese nauseabundo olor que sigue minando la dignidad de la república. Los carnés falsificados, son otra cosa muy en boga, además se nos oculta información a la que deberíamos tener acceso como la carta de intención con el FMI que según los versados en materia económica afectará a los sectores más pobres del Ecuador en un futuro muy pero muy cercano.

Pero por suerte aún quedan quienes se ganan la vida honrada y dignamente, quienes son capaces de sobrevivir al vendaval de oprobio que asola a nuestra nación, aquellos que, con sus logros en diversos ámbitos, llenan de alegría a todo un pueblo, como ese muchacho manabita, Chito Vera, que el sábado le dio una paliza a su linajudo y arrogante contendor estadounidense ante millones de televidentes, quitándole el invicto y lo bocón, o también, el carchense Carapaz. Para ellos mi profundo respeto, decirles que son un ejemplo y un poco de luz en medio de la noche negra de corruptela que nos azota demuestran que la honradez tampoco tiene ideología. La cuestión es tener principios morales y éticos o carecer de ellos. Así de simple es el asunto, al margen de la bandera política que tengamos, y el estrato social al que pertenezcamos.