Para cortar las relaciones clientelistas que se convierten en caldo de cultivo para la corrupción

Campos Ortega Romero

A propósito de la lid electoral que se avecina, para elegir: Presidente, Vicepresidente y Asambleístas, se hace necesario algunas reflexiones en torno a los acontecimientos políticos e históricos, sucedidos. “Las sociedades reales -dice el filósofo Miró Quezada-  han estado siempre divididas en dos grupos: un grupo minoritario que se ha considerado así mismo como la encarnación suprema del valor y la dignidad, y el otro mayoritario considerado por el primero como inferior, cuyo valor ha sido minimizado y hasta negado. El grupo dominante que ejerce el poder y que es pequeño; y el grupo inmenso de la mayoría, que es dominado y explotado. El grupo pequeño que mantiene las tradiciones y privilegios, y el que lucha en nombre de sus derechos y la justicia”. Y así es la verdad ecuatoriana: una lucha entre el pasado y el porvenir, entre los que retienen los privilegios y los que se proponen, en lucha desigual, acabar con esas formas de explotación. Y todo esto para salvaguardar  el orden y la paz en el interior del Estado, gracias a la política.

Lo cierto es que el ser humano moderno, lo quiera o no, vive inmerso en la política. Es una realidad que nos impone y nos rodea. Algo que no se puede ignorar, ni se puede rechazar. Cierto que la política es una realidad compleja. Que está íntimamente relacionada con otros campos del saber humano como la economía, el derecho, la sociología, la cultura, la religión, la educación, la historia para una verdadera comprensión de la realidad política que nos rodea, no se puede prescindir de estas culturas sociales. Por esto debe ser que los políticos de siempre, en tiempos de campaña con sus discursos “bonitos” y la sonrisa en los labios nos dicen de memoria tres slogans, que constituyen muletillas: Por un Ecuador grande y soberano. Por una democracia en libertad. Por un Ecuador sin miseria, para solicitar su voto y poder llegar al poder.

Por ello consideramos que usted es importante y decidor en el desarrollo de la historia ecuatoriana: hacemos de Ecuador, un país grande y solidario o nos quedamos colgados en la historia para el lamento y dolor de lo que pudo haber sido y no fue. Por ello al consignar su voto en las urnas, debe pensar que la política para cumplir sus grandes objetivos deben converger tres grandes cualidades en los candidatos que aspiran a ocupar las diferentes dignidades en la elección popular.

La primera cualidad: vocación de servicio y devoción al país, donde comulguen, tres principios elementales en el desarrollo de los pueblos: honestidad, veracidad y laboriosidad. La segunda, la primacía de las leyes cumplir y hacer cumplir las jerarquías de la Constitución, Códigos, Ordenanzas, y normas que establezcan el buen convivir entre los hombres y mujeres de la comunidad. La tercera, cumplir con la oferta de campaña, acompañada con una constante fiscalización de las obras públicas y rendición de cuentas permanentes a sus electores.  

Por todo lo dicho, es nuestra obligación moral defender nuestra dignidad, por consiguiente hay que construir el presente, para fundar sólidamente un futuro de justicia, de bienestar social y de dignidad humana. Ecuador es de todos los ecuatorianos, por ello, hay una inmensa tarea impostergable, de hacerlo más grande y digno de sus hijos,  para cumplir estas metas y objetivos se necesita de todo el esfuerzo y todo el valor de todas y todos los ecuatorianos, ello se logrará acudiendo a las urnas a depositar su voto de una manera consciente que responda a sus aspiraciones y logros señalados, para cortar las relaciones clientelistas que se convierten  en caldo de cultivo para el  odio y la corrupción. Usted tiene la palabra. Así sea.