Vargas Llosa y su medio siglo con Borges

Santiago Armijos Valdivieso

Recientemente, Mario Vargas Llosa publicó el libro: Medio siglo con Borges, en el que reproduce y compila sus artículos, conferencias y notas de testimonio sobre la vida y obra del genial escritor argentino, a quien, con justificados motivos, proclama su admiración en supremo grado.

La acertada decisión del peruano de publicar un libro en homenaje a Jorge Luis Borges confirma que es de inteligentes reconocer la inteligencia de otro; y más aún, cuando se trata de un colosal escritor y erudito, quien, vivió y respiró exclusivamente para esculpir los más extraordinarios cuentos de literatura fantástica como Las ruinas circulares, La lotería de Babilonia, El jardín de los senderos que se bifurcan, Funes el memorioso, El Aleph, etc. Todos construidos con la precisión del relojero, la vista de un astrónomo, los colores de un pintor y la sabiduría de un enciclopedista.

A decir de Vargas Llosa, el gran Borges fue una persona extremadamente sensible y de enorme modestia, a quien, el excesivo lujo le resultaba una vulgaridad, y, para quien, la utilidad del dinero era, principalmente, para comprar libros y realizar viajes.

En una de las entrevistas reproducidas, Vargas Llosa le pregunta a Borges: “-¿Recuerdo una frase suya: <>, ¿que por una parte es muy bonita y por otra parece nostálgica…?”. A ello, Jorge Luis Borges le contesta: “-Yo escribí eso cuando tenía treinta años y no me daba cuenta de que leer es una forma de vivir también, creo que a la larga uno vive esencialmente todas las cosas y lo importante no son las experiencias, sino lo que uno hace con ellas”.

Cito aquello para resaltar que la lectura para Borges fue su principal forma de vivir, prescindiendo, en gran medida, de la forma ordinaria, mundana y monótona a la que estamos acostumbrados los mortales. No estoy seguro si aquello sea lo mejor, pero siendo la convicción de un genio, merece mi respeto, mis aplausos y mi admiración. Seguramente, la siguiente frase resume la importancia que da Borges a la lectura: “No me enorgullezco de los libros que he escrito sino de los que he leído”.

En una parte del artículo titulado “Borges en casa”, cuyo texto forma parte del libro de Vargas Llosa, llamó mi atención la parte que menciona la relación de Borges con Pablo Neruda y que me permito transcribirla: “(…)Habla bien de Neruda, por ejemplo, cuya obra, antes, estimó apenas. Recuerda agradecido que cuando, en Estocolmo, preguntaron al poeta chileno a quién habría dado el premio Nobel, respondió: <<A Borges>>” Y, a propósito, ¿por qué los académicos suecos no le habrían dado a usted ese premio? La respuesta es previsible: <<Porque esos calleros comparten conmigo el juicio que tengo sobre mi obra>>”.

Otro tema que es digno de subrayarlo con doble línea es aquel en el que Borges expresa su rechazo al nacionalismo a ultranza y abraza la necesidad de sentir a todo el mundo como la patria de la especie humana: <<Ser cosmopolita no significa ser indiferente a un país, y ser sensible a otros, no. Significa la generosa ambición de querer ser sensible a todos los países y a todas las épocas, el deseo de eternidad…>>.

De este tipo de reflexiones diáfanas y de quilates el libro está lleno, lo cual, permite al lector evidenciar la gigantesca y fascinante personalidad de uno de los más inteligentes hombres que ha alumbrado Argentina y Sudamérica para deslumbrar al mundo, cada vez que se abran los laberintos y espejos literarios estampados con tinta en las páginas de de sus libros.

Adicionalmente, vale decir que la obra es un tipo de caja mágica que conecta a Vargas Llosa y a Borges para hacer brotar una especie de luz bienhechora que chisporrotea literatura, cultura, imaginación e ingenio superlativo.

No exagero en decir que es una obra de lectura imprescindible para quienes necesiten beber de la fuente de la genialidad.

Esto tan cierto lo dicho que, a modo de muestra, dejo dos magníficas frases de Jorge Francisco Isidoro Luis Borges (1899-1986) para que los amables lectores de esta columna las disfruten en cada letra: “De todos los instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones del brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y la imaginación.”; y, “La amistad no necesita frecuencia, el amor sí, pero la amistad no”.

Todo ello, me lleva a coincidir, plenamente, con la monumental verdad a la que llega Vargas Llosa al calificar a Borges: “El puñado de libros que ha escrito, libros siempre breves, perfectos como un anillo, donde uno tiene la impresión que nada falta ni sobra, han tenido y tienen una enorme influencia en quienes escriben en español”.