La sociedad del tremendismo

Diego Lara

Se entiende por tremendismo a aquella corriente estética desarrollada entre escritores y artistas plásticos, cuya característica es exagerar los aspectos más crudos de la realidad. Sin embargo, también se lo usa para describir aquel comportamiento humano que busca exagerar, victimizar y negativizar los aspectos coyunturales de la sociedad.

Escucho a personas decir por estos tiempos “somos la ciudad o la provincia o el país que peor ha manejado la pandemia”. Aprovechando mi afición por la radio, escucho programas de otras ciudades y otros países; algunos quiteños, guayaquileños, ambateños o cuencanos dicen que son ellos los que peor han manejado la crisis, lo mismo dicen varios españoles, peruanos, argentinos, brasileños, italianos, alemanes, en fin, parece que existiera una audaz competencia por considerarse “los más malos de mundo”.
Escucho también decir “somos la sociedad más desordenada y desobediente”, pero adivinen, también se pelean este “premio” casi todas las sociedades del mundo.
El tremendismo lesiona la credibilidad de las personas y las sociedades. Si prestan atención se darán cuenta que varios vecinos que hoy están iniciando la carrera electoral aplican frecuentemente y con un inusitado entusiasmo el tremendismo.
Tampoco podemos irnos al extremo antagónico de decir que vivimos en una sociedad perfecta, recordemos que el primer paso al estancamiento y mediocridad es pensar que todo está hecho y que “somos perfectos”.
Una sociedad necesita de normativa clara, precisa, ágil, útil y de aplicación certera, también nuestra sociedad necesita de liderazgos fuertes y de liderados fuertes. Quien exagera la realidad para hacerse notar y contar con el apoyo ciudadano, necesitará exagerar para justificar su accionar.
Nuestra sociedad para desarrollarse requiere de educación y cuando digo educación no me refiero solamente a formación académica, también necesita valores, conocer de cultura, de historia, de filosofía.
Nuestra sociedad requiere de motivación y amor por el prójimo, solo así trabajaremos con entusiasmo por nuestras familias y por los demás.
Y requiere de humildad, debemos practicar aquel valor de agradecer y compartir lo que tenemos, multiplicar con trabajo esforzado aquello que disponemos, saber que no sabemos todo, que somos interdependientes y que no debemos vivir de la queja.
Si cultivamos educación, motivación, amor por los demás y humildad, dejaremos poco a poco el tremendismo.