El fenómeno de la corrupción

Juan Luna

Mientras más se promociona la lucha contra la corrupción, más salpicados estamos. Ni la muerte, ni el dolor de la enfermedad, ni la crisis económica ha sensibilizado a los actores que poco a poco, los vemos huir, esconderse y refugiarse en la argucia de las leyes y de la debilidad institucional para llenarse de impunidad.

Enrique Galarza, presidente de la Comisión Ecuatoriana Justicia y Paz, en agosto de 2017, sostiene que la corrupción “es una grave “plaga social” que “no es nueva en nuestra historia, pero que en los últimos años está escandalizando al pueblo ecuatoriano, por la magnitud de todo cuanto está saliendo a la luz pública”. Millones sobre millones en contrataciones de obras que merecen ser investigadas y sancionadas, pero, sobre todo, recuperar el dinero hurtado permitirá tener signos de esperanza y recuperación de la fe en la vida y la confianza en la sociedad.

Alejandro Salas, director de Transparencia Internacional, identifica a la “corrupción como uno de los problemas más perjudiciales para el crecimiento sostenido de las naciones y en su informe 2016 agrega: “Lamentablemente para América Latina no son buenas noticias, el problema es sistémico, estructural y está enraizado”.
El reflejo mayor de este fenómeno lo vemos en la abultada deuda externa e interna, se presume que cada ecuatoriano debe aproximadamente, unos cuatro mil dólares, antes de la crisis de la pandemia. A ello debemos sumarle el cúmulo de necesidades vitales insatisfechas, el desempleo e inequidad social de amplios sectores de la población que claman una oportunidad para vivir mejor.

¿Qué hacer entonces?

  1. Fomentar una ética personal desde la dignidad humana para sostener y orientar en la función pública y privada los principios y valores y combatir a la corrupción desde la casa, el trabajo, las actividades comerciales y los desempeños profesionales y corporativos, consolidando buenas relaciones sociales e intrafamiliares de confianza, reciprocidad y convivencia.
  2. Cultivar la transparencia, confianza, solidaridad, inclusión e integridad para generar un proceso de construcción de una sociedad humana, justa, equitativa, solidaria e integral.
  3. Estudiar para discernir con libertad y criterio y el acontecer social, político, económico, ecológico y cultural del para responder de forma comprometida a las realidades percibidas.
  4. La CEE ecuatoriana “invita a no conformarse a vivir sometidos de la corrupción y a aportar lo mejor de sí mismo en favor de la justicia y de la paz, a favor del bien y del futuro de la patria.

Finalizo con las palabras del cardenal Peter Turkson “La ética exige el reconocimiento del valor del otro y pone límites a lo nuestro, a lo tuyo y lo mío. La corrupción destruye la conciencia moral, porque desconoce el valor del otro, lo deshumaniza y priva a la sociedad y en especial a los más pobres de la posibilidad de superar el estado de postración en que viven”.