La educación y la agricultura en el sector rural

Alberto Chamba

El sistema educativo virtual que se aplica a consecuencia de la pandemia del virus, es un azote discriminatorio para la juventud, la niñez y la población rural en general; no existen ni siquiera los medios y servicios indispensables para la enseñanza y el aprendizaje como son: El internet, las computadoras en algunas partes ni siquiera la señal del celular, que tienen que hacer largas caminatas a la parte alta donde se capta la línea, como también la falta de conocimientos y de tiempo de los padres de familia para enseñar y ayudar en los estudios de sus hijos ávidos de aprender para emprender en la difícil formación ciudadana con principios y valores para enfrentar los duros retos de la vida.

El sistema obliga nuevamente a migrar a la cabecera parroquial o cantonal abandonando el campo y sus familias tal como paso en la llamada descentralización dictada por Correa, escuelas y viviendas abandonadas debido a las nefastas políticas de los gobiernos de turno.

Es el momento crucial y latente para que el gobierno mediante decreto aplique la enseñanza presencial como salvaguarda de la vida cultural y espiritual de la juventud al volver y permanecer en el campo donde el medio ambiente es propicio para la educación, donde se siente la seguridad social, con el contacto, con la naturaleza el medio ambiente que los desprende de la ambición y lo eleva a la trasparencia espiritual; donde los maestros se convierten en líderes de su comunidad organizándolos para alcanzar sus derechos básicos , fiestas cívicas y canchas deportivas para el entretenimiento local como aliciente para el desarrollo de su comunidad en contribución al desarrollo cantonal y nacional; para frenar la migración del campo a la ciudad .

Es indispensable asimismo tecnificar la agricultura, aplicar el sistema de riego, diversificación de cultivos, mejoramiento y mantenimiento de la ganadería y por sobre todo la comercialización de la producción agropecuaria para incentivar el agro asegurando así la soberanía alimentaria de los ecuatorianos, dos ejes indispensables entre otros para estructurar un nuevo modelo económico equitativo y transparente para combatir la corrupción, rescatando la dignidad y la soberanía del estado.
Por el derecho y la justicia social.