Hablando de valores

P. Milko René Torres Ordóñez

“Los valores se confunden con las cosas, constituyen su entraña. La perspicacia intelectual del hombre ha de servirle para descubrirlos, es decir, saber descifrar por qué una cosa es buena. Descubrir los valores sólo es posible a quien mira positivamente el mundo, al que previamente ha comprendido que todo lo que existe “existe por algo y para algo”; que cualquier ser, por pequeño que sea, tiene su sentido y su razón de ser, es decir VALE.

Para el que se coloca así ante el mundo, y no pasivamente como cosa entre las cosas, todo cuanto existe es bueno, todo cuanto existe es bueno, es un BIEN. De modo que podemos llamar BIEN a cualquier a cualquier ser en cuanto es portador de valores. Y podemos designar como VALOR aquello que hace buenas a las cosas, aquello por lo que las apreciamos, por lo que son dignas de nuestra atención y deseo” (Bernabé Tierno). Estoy seguro que muchos, nos preguntamos con frecuencia: ¿Qué es un valor? La reflexión transcrita nos aclara y tranquiliza. Es una inquietud que es actual. ¿Qué sentido tiene hoy hablar de este tema? Tenemos que hablar de las cosas buenas para oxigenar nuestra vida, tristemente salpicada por antivalores, es decir, de cosas malas. En el mundo estamos, para amar y servir. Inmersos en la utopía, en la locura para tantos insensatos, de vivir en la civilización del amor, de crearla, sentirla, y compartirla. Vienen a mi mente el esfuerzo, que tiene como un código indeleble, de muchos hombres y mujeres. Seres humanos que abrieron el surco de la esperanza con la herramienta del optimismo y del martirio. Hoy, nuestro mundo no sería el mismo sin la obstinación de ellos. Ciertamente forjaron un entorno en el cual todo parece tan sencillo: caminos, puentes, parques, museos, cuadros, pinturas, obras de arte, catedrales, ciudades, universidades. Todo este legado ha sido, es, será, patrimonio de genios, seres humildes, quienes, con su lucidez mental y su imponente fortaleza espiritual, llenan de vitalidad el tiempo y la historia.

Los valores contraponen su identidad a aquellos que destruyen. “El ser humano, para comportarse como tal, ha de tender al bien que la razón le propone como objetivo de su natural tendencia a la felicidad. Hablar de valores humanos es una redundancia, porque no puede hablarse de valores, sino en relación con el hombre. Toca a éste hacer una valoración de las cosas, es decir, entre los bienes que le solicitan y a los que naturalmente aspira. Porque los valores no “existen” con independencia unos de otros, sino en lógica subordinación, en referencia a una mayor o menor importancia en la apreciación del sujeto que los descubre, ordenándolos en una “escala interior” que va a constituirse en guía de su conducta”. Hay valores cuyo destino es el de ser sacrificados en aras de otros más altos. Jesús dice claramente: “Al César, lo que es del César. A Dios, lo que es de Dios”. La consecuencia del amor.