Emprender

Juan Luna

Desde hace un tiempo atrás, emprender (emprendimiento), es una palabra que está presente en conversaciones familiares, grupales, en sectores sociales y organizaciones, cuya intencionalidad es generar e incrementar nuevos recursos económicos y mejorar la calidad de vida. El currículo educativo nacional, para los estudiantes de bachillerato implementó la asignatura de Emprendimiento y Gestión, a fin, de que los estudiantes desarrollen conocimientos, destrezas, competencias y habilidades favorables a buscar nuevas formas de vida y generación de riqueza, independientes del empleo público o privado.

¿Qué definición, significado y sentido nos ofrece la palabra? “Emprender es tener iniciativa, proponerse un objetivo y trabajar consecuentemente utilizando una serie de habilidades, así como los recursos disponibles hasta cumplirlo”, sostiene Juan Ernesto Giménez, del centro de emprendedores de Venezuela. El emprendimiento es la acción, la actividad que se crea y recrea en la búsqueda de mejores condiciones de vida, puede ser un negocio de rentabilidad económica, por ejemplo, una tienda o de rentabilidad social, como una fundación. Los diccionarios, nos dicen que emprender es “Acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro” y el Emprendedor, es aquel “que emprende con resolución acciones dificultosas o azarosas”, desde mi óptica, el deseo de emprender es innato de las personas, su dificultad estriba en que pocas ideas llegan a cristalizarse por decisiones propias, que, dan mayor peso al temor, antes que a la esperanza.

Por las condiciones actuales de crisis económica, en donde el subempleo y desempleo ha aumentado en cifras alarmantes, ha obligado a muchas personas, empresas y negocios a reinventarse para sobrevivir a la emergencia, pues como dice el pueblo sencillo “el estómago no espera”. Así, es común ver a hombre y mujeres sencillos acompañados de sus hijos e hijas recorrer las calles y ofrecer lo que sus manos y habilidades realizan en el arte culinario, artesanías, producción agrícola; la telefonía celular y sus planes ha permitido que por medio de las redes sociales se oferten y promocionen los productos con novedosos y creativos diseños que han terminado con la zona de confort y han dado paso a la imaginación y creatividad.

Salir de la zona de confort no es fácil, requiere decisión y no tener miedo a tomar riesgos. El cambio es una necesidad y, dependerá de cada uno marcar la diferencia entre sobrevivir y adaptarse a esta nueva normalidad y así consolidar nuevos emprendedores y emprendimientos que perduren con el tiempo y no se desvanezcan cuando la crisis haya terminado. Para ello es necesario: 1) tomar decisiones siempre con calma, 2) ofrecer productos o servicios de calidad, 3) conserva una actitud positiva, 4) actualízate permanentemente, y, 5) mantén tu mente abierta al cambio.

Según sean nuestros sueños, así serán nuestras realizaciones. ¡Buen viento y buena marea ¡