¿Héroes o terroristas?

Luis Pineda

Con la pandemia, aparecieron nuevos héroes, unos pocos reconocidos y la mayoría anónimos, como siempre.

El personal médico, enfermeras, auxiliares han sido reconocidos como héroes porque han estado junto a las personas enfermas hasta devolverles la salud o acompañarles en sus últimos momentos. Sin embargo, cuando estas personas salen a las calles a reclamar sus derechos, el gobierno los denomina terroristas y ordena a las fuerzas del desorden que los agreda de manera brutal.

En el sector de la salud, hay otros héroes y heroínas que han quedado en el anonimato y que sin embargo son indispensables para que funcione la estructura de la salud pública y privada. Nos referimos directivos, administradores, secretarias y personal de limpieza. Es hora de reivindicar a estas personas antes que el gobierno las declare terroristas y mande a fumigarlas con gases lagrimógenos.

Aún nos falta el sector mayoritario de héroes que han vivido en el anonimato, es un grupo social que hemos tratado de ignorar, pese a que sin estas personas no podríamos comer ni siquiera un pan. Nos referimos al campesinado. Les ofrecemos un fragmento del texto de Miguel Torres Galván:

“Fuma, bebe, sabe contar cuentos, pelea, sostiene siete hijos o más, siembra frijol, papa, yuca, maíz, plátano, cacao y caña, sabe silbar, le habla a los perros y ellos le ladran a él, nunca se jubila, no le afecta la altura, va sin protector solar, reconoce un aguacate maduro sin apretarlo, tiene una uña larga para pelar mandarinas, a ojo sabe cuánto pesa un bulto y con mirar y darle una vuelta sabe cuánto pesa el puerco y la vaca, puede manejar caballos o mulas al mismo tiempo.

No necesita los dientes de adelante ni para reírse, se sabe el nombre de los nietos, no sabe bailar pero baila, no le da depresión, no se quema con el café hirviendo, se despierta antes de que el despertador suene, no lo tumba una gripe, camina desajustado, su teléfono celular es un cacahuatito que casi nunca tiene señal y cuando la tiene nunca suena, sus pantalones son dos tallas más grandes y nunca se le caen, habla duro hasta para contar un secreto, se sabe atajos para llegar más rápido, trabaja de sol a sol y nunca tiene flojera, sabe cuándo va a llover y falla menos que cualquier meteorólogo, no le afecta el gluten ni la lactosa de la leche no pasteurizada, la cafeína no lo desvela, sabe llamar gallinas, baja naranjas sacudiendo las ramas, disfruta de un agua de papaya y de postre un mango o agua de limón, sandía o melón, espanta males con un escapulario, no sale bonito en las fotos pero tiene una pintura donde sale increíble con su esposa, se sabe dos chistes y los repite.

Escucha noticias, cree en las noticias, sabe para qué sirve la ruda y el paico con el que purga a sus hijos y nietos, el ángel de la guarda nunca lo ha desamparado, le dice ingeniero a cualquiera y todos le dicen “Don”, ve de noche sin lamparita, no lo pican los zancudos, ha comido tortuga, iguana, armadillo, venado, tejón y culebra y todo eso le sabe a pollo, no sabe cuándo es festivo y tampoco por quién votar, porque todos le han ofrecido y todos le han quedado mal…

¡Vivan los campesinos!, que en esta cuarentena nos muestran lo que valen, pues sin ellos la comida se reduce a nada y la vida sería prácticamente imposible…”