Ética cívica: una política de gobernanza válida

Numa P. Maldonado A.

En una entrega anterior expresábamos que, frente a la compleja crisis mundial, agravada en el país como nunca antes por una galopante crisis de valores, que raya en el cinismo (en las listas de candidatos a asambleístas para las próximas elecciones de febrero se han inscrito conocidos delincuentes de la peor ralea), “es hora ya de recuperar la administración del Estado entregada a mafias políticas por tanto tiempo, convirtiéndonos en buenos ciudadanos, activos y responsables, formados en los principios de Ética Cívica”.

En otras palabras: dejando a un lado nuestra tradicional y negativa apatía y ceguera, es hora ya de recuperar la capacidad de indignarnos y actuar conscientemente contra los despreciables actos de la mafia enquistada en el poder, desgraciadamente con nuestro voto, como la única forma de salir del funesto círculo de subdesarrollo, descrédito y miseria humana. Es hora ya de abrir los ojos, el cerebro y el corazón.

Todo lo dicho no es nuevo y la mayor parte de la ciudadanía lo sabe, lo comprende y acepta. Se ve con mayor claridad si imaginamos en el futuro inmediato dos escenarios:

1) Un nuevo Ecuador con liderazgo honrado y capaz, dirigido por un presidente y un vicepresidente, un gabinete de ministros y funcionarios de alto rango, una mayoría de alcaldes y concejales, de prefectos y presidentes de juntas parroquiales; de rectores de universidades y dirigentes gremiales y de grandes y medianas empresas… comprometidos con el verdadero desarrollo y bienestar del país, que utilizan como principal estrategia la honorabilidad y solidaridad en todos sus actos. Y, 2) El mismo país, o a lo mejor aún más degradado, porque hemos elegido una vez más autoridades corruptas, pertenecientes o aliadas a las antiguas mafias que han saqueado el país y son causa de la inequidad, la pobreza y la desdicha de la mayoría de ecuatorianos. Desde luego, elegir bien, conscientemente, no significa anular el voto. Significa impedir que el país continúe manejado por ladrones e inmorales. Apelar, a la hora del voto, a nuestra consciencia cívica, aplicando los principios de la Ética Cívica

¿Qué es la Ética Cívica? Una forma elocuente de querer y respetar el terruño natal y hacerlo accesible para que en él trabaje y viva con bienestar y en paz el mayor número de compatriotas. De manera particular, aquellos permanentemente oprimidos o con pocas posibilidades de auto-auxiliarse. Es sentir a la honradez cómo parte de nuestro crecimiento personal: honradez con nosotros mismos y con los demás, pero especialmente con los bienes públicos y colectivos. Es mantener limpio el hogar, las calles y parques del vecindario, responder honorablemente de los fondos confiados (no sólo de los propios ni de nuestros familiares o amigos, sino especialmente de los fondos públicos, que son de todos). Ética Cívica es convertirnos en buenos ciudadanos: no sólo pagar impuestos o sufragar por obligación (muchas veces irresponsablemente), sino contribuir con buenas acciones y sugerencias a la mejor gobernanza local y nacional, y, con nuestro ejemplo, a los generaciones jóvenes, para que sean mejores que nosotros, y disfruten también de días mejores.