Patria o muerte venceremos hasta la victoria siempre

Campos Ortega Romero

El ardiente combatiente de la aurora, Ernesto “Che” Guevara, nació en Rosario, Argentina, el 14 de junio de 1928, antes y después de recibirse de médico en 1953, viajó extensamente por América Latina. En 1954, mientras vivía en Guatemala, se sumó al movimiento que se oponía al operativo de la CIA, para derrocar al gobierno de Jacobo Arbenz.

Tras ser derrocado Arbenz, Ernesto Guevara, viaja a México. Allí, en el verano de 1955, conoce a Fidel Castro, quien lo escogió a él y a Raúl Castro como los dos primeros integrantes de la fuerza expedicionaria que el Movimiento Revolucionario 26 de Julio estaba organizando para derrocar al dictador cubano Fulgencio Batista. Así se inicia la historia del Guerrillero Heroico, y que hoy al recordar los 53 años de su muerte, su imagen se levanta como fantasma que recorre el mundo, que crece y seguirá creciendo con mayor fuerza y riqueza de ideas en la medida en que llegue a los jóvenes y éstos asuman la esencia y fundamento de sus acciones y esperanzas.

En verdad las acciones de Ernesto “Che” Guevara, constituyen ejemplo de dignidad y coraje de lucha por la libertad que tanto ansiamos los pueblos pobres del mundo, por ello se hace imperativo que recordemos todos, especialmente la juventud su mensaje claro diáfano como la luz del nuevo día, el gran pensador revolucionario de América Latina, José Carlos Mariátegui, estudió y destacó la necesidad de los mitos. Señalo cómo los pueblos que han realizado grandes hazañas han debido crear mitos multitudinarios. Si queremos ser revolucionarios en el sentido más estricto de la palabra debemos estudiar las razones y los factores que determinan el hecho real de que el Che vive en el corazón de América y se expresa de mil maneras en los anhelos y aspiraciones de los jóvenes más radicales de diversos continentes. Estudiar, cómo a los 53 años después de su ascenso a la inmortalidad en la Quebrado del Yuro, su imagen recorre plazas y calles renovando su grito de “Hasta la victoria siempre”. Encontrar los fundamentos de estos hechos es la manera de ser consecuentes con el ideal del socialismo y con las posibilidades de un cambio revolucionario, demanda Mariátegui, en sus estudios.

Sin duda la figura del ardiente combatiente de la aurora, Ernesto “Che” Guevara constituye cimera, es la exaltación del sentimiento heroico y de lo ético en la política y la historia quedó grabada para siempre en la mente de las nuevas generaciones con las enseñanzas y el ejemplo de sacrificio del combatiente de la selva boliviana. Y como era lo moral lo que faltó en la política que terminó imponiéndose en los procesos revolucionarios, se ha confirmado dramáticamente aquella convicción del Che: “sin moral no hay revolución”. Y con ello la postulación con elocuencia, profundidad y rigor la necesidad del hombre nuevo del siglo XXI.

El Che veía y apreciaba la realidad con sentido ético para mejorarla. Y es aquí donde radica la fuerza del mito que nos legó. Su personalidad se ensambla con el más elevado pensamiento filosófico europeo, Marx y Engels, y con el sentido utópico de Nuestra América, Bolívar y Martí. El error de quienes renuncian a la utopía está en no tomar en cuenta las exigencias reales que, subyacen en los hechos, emergen hacia la superficie. Por esta razón, no pueden concebir las verdades del mañana.

Por eso la grandiosidad del Che, que no renunció, pues, ni a la realidad ni a la esperanza. Fue un revolucionario de ciencia y conciencia como lo necesita América y el mundo para abordar el reto que nos plantea la próxima centuria. Saludamos al sol de América Latina que constituye la figura de Ernesto “Che” Guevara, y a su herencia que late y suena cada vez con más fuerza. “Patria o muerte, venceremos” “Hasta la Victoria siempre”. Así sea.