Valor del voto ciudadano

José Benigno Carrión M.

Cuando estamos próximos a un proceso electoral es un deber imprescindible del ciudadano corriente, del hombre de la calle, conocer la responsabilidad y la proyección del sufragio popular. En verdad, es una obligación pensar muy seriamente en aquel importante derecho que se le ha concedido al elector para decidir la suerte y el destino de la Patria.

Ahora más que nunca es necesario reflexionar sobre el futuro de la nación. Por eso, sabiamente, la ley da al voto el carácter de secreto para que las personas puedan ejercitar su voluntad sin presión alguna. Estas elecciones revisten una importancia trascendental, pues como nunca se han visto abocadas a circunstancias tan complejas y difíciles. Por una parte, el mundo es víctima de una terrible pandemia, el coronavirus, que a pesar de los grandes esfuerzos y sacrificios que realizan los países más poderosos no han podido lograr combatirla y tenemos la esperanza que cuanto antes salga la vacuna de los laboratorios de las grandes potencias para que pueda salvar la vida de millones de seres humanos. Mientras tanto no nos queda otro camino que aceptar el destino y la suerte que nos corresponde afrontar. Pero como si fuera poco somos víctimas de otra pandemia, cuasi crónica, la corrupción, la pérdida de los valores morales y éticos, que ha sembrado el desconcierto y la ira popular.

Ese uno de los peores males que soportamos. Aquello es desconcertante. Vivimos en un mundo, en una sociedad, en que la descomposición social, la corrupción, la podredumbre, ha tocado sus límites. Hoy más que nunca se requiere escuchar la voz de los candidatos que proclamen, como bandera de lucha: la pulcritud, la dignidad, la honradez, la moral, la ética, que no pocos, la han echado al cesto de la basura. No es posible seguirse vendiendo por el bíblico plato de lentejas. Hay que combatir con dureza, con reciedumbre, la desvergüenza, la pillería, las ambiciones personales que se contonean muy orondas y lirondas por las principales calles y plazas de nuestras bulliciosas urbes… Ese el otro virus que anquilosa y mata a nuestra sociedad. Hay la necesidad de un giro de ciento ochenta grados por encontrar la verdadera, la auténtica ruta, que busca ansiosamente nuestro pueblo y aquello demanda esfuerzo y sacrificio constantes. De tu voto depende el futuro de la patria… Escoged, estimado ciudadano, los candidatos más honrados y capaces para esta lid electoral…