El costo de oportunidad y las elecciones

Diego Lara

En la escuela de Economía aprendí un sin número de conceptos, pero definitivamente uno de los que más aplico en mi actividad profesional es el famoso COSTO DE OPORTUNIDAD.

Si Ud. dispone de 100 dólares para invertir y obtener ganancia, normalmente tiene al menos dos opciones. Si con la alternativa A ganará 20 dólares y con la alternativa B ganará 10 dólares, en condiciones normales optará por la alternativa A y el costo de oportunidad será la ganancia de la alternativa de inversión que desechó, en este caso la alternativa B. Por lo tanto, Ud hará un buen negocio, ya que al ganar 20 dólares de la alternativa A, desechará los 10 dólares que le ofrece la alternativa B. Elección correcta.

Decimos entonces que el costo de oportunidad es aquello que sacrifica al elegir otra opción. Lo que todos buscamos es que aquello que no elijo sea peor a aquello que si escojo, que la inversión que prefiero genere mayor rentabilidad que la que desestimo.

Ese concepto de costo de oportunidad se debe emplear no solo cuando de inversiones monetarias se trata, se debe usar para casi todo en nuestra vida. ¿Cuál es el costo de oportunidad de escoger una profesión, frente a otra que no escogeré? ¿Cuál es el costo de oportunidad de optar por un trabajador frente al que no contrataré? ¿Cuál es el costo de oportunidad de preferir un sistema contable para mi empresa, frente al que otro que no me convence? ¿El colegio que decidí para mis hijos comparado con otros que dije que no? ¿El auto que compré frente al que no quise?

En tiempos electorales deberíamos preguntarnos ¿Cuál será el costo de oportunidad en nuestras decisiones electorales? Difícil tarea, medir la ganancia monetaria de una posible inversión es mucho más fácil que medir o cuantificar el accionar de una persona que opta por un cargo de elección popular.

En administración tenemos un axioma que dice: “todo aquello que puedo medir, puedo controlar”. ¿Cómo se mide el riesgo de prestarle dinero a una persona o empresa? Se lo mide estudiando su historial crediticio. Si este posible deudor tiene una historia de cumplimiento y fama de ser “buen pagador”, pues entonces el riesgo es mínimo, si al contrario tiene fama de no honrar sus deudas, entonces su riesgo es mayor y quizá este último no podrá acceder al crédito y si lo hace la tasa de interés será más alta.

Lo mismo deberíamos hacer con los candidatos, analizar su trayectoria y así determinar si son o no son “riesgosos” para nuestra sociedad.
Procuremos “hacer un buen negocio”, procuremos que aquellos que no elijamos tengan un costo de oportunidad mucho más bajo en comparación con aquellos que si serán ungidos por el voto del pueblo.

Todos dicen ser la mejor opción, no todos son la mejor alternativa.

Bill Gates dice que el peor error es quedarse en medio de la indecisión. Decidir no votar es un grave daño a la sociedad, ¿podemos reclamar algo que no escogemos?

Empecemos a calcular el costo de oportunidad, empecemos a decidir bien, que el costo sea menor y que el futuro venga lleno de oportunidades.