Los triunfos de nuestros deportistas constituyen ejemplo de dignidad y trabajo

Campos Ortega Romero

Los triunfos conseguidos por nuestros deportistas del ciclismo en Europa no solo llenan de orgullo a los ecuatorianos sino a todos los sudamericanos el reconocimiento y triunfos en las diferentes competencias, constituye el premio al esfuerzo individual de los ciclistas a la constancia, dedicación y disciplina que exige el deporte. Hijos de hogares pobres como la mayoría de los ecuatorianos, están gritando a los cuatro puntos cardinales de la tierra que cuando se quiere se puede hacer por ello se engrandecen mucho más la figuras: de Richard Carapaz, Alexander Cepeda, Jhonatan Caicedo, Jefferson Cepeda, Jhonatan Narváez, todos ellos constituyen ejemplo de dignidad, coraje y constancia para todos los ecuatorianos.

Si a la dignidad de un pueblo que cumple con sus deberes y que debe exigir sus derechos, pero para ello hay que iniciar la tarea como bien lo señalará, el ardiente combatiente de la aurora, Ernesto “Che” Guevara”, organizarse, para un mañana mejor. Porque organizarse es comenzar a vencer al desencanto al saber que atrás han quedado las propagandas y eslóganes de campaña de los políticos de siempre, hundiendo a nuestro País en la desesperación y miseria de todos los ecuatorianos.

Indudablemente que los últimos sucesos políticos nos han despojado de mucho, casi todo, incluida la confianza, la utopía y la fe en el futuro, sin embargo, consideramos que el presente es el tiempo en el que podemos dar los golpes de timón, rectificando y construyendo. Si ya nos han despojado de tanto no permitamos que nos desarraiguen la esperanza ni la alegría de vivir, por aquello que somos un país tristemente alegre.

Organizarnos, para comenzar a vencer implica preguntarnos cómo hemos contribuido al despojo del que hemos sido sujetos. Y sí, es evidente que tenemos parte de la responsabilidad. Porque muchas veces nos hemos limitado a pedir y esperar, haciendo poco para colaborar en el mejoramiento del país. O quizá lo más grave muchas veces hemos guardado silencio cuando nos correspondía hablar claro y hasta gritar. Hemos sido demasiados complacientes y pasivos, tanto que nos han creído idiotas, y por ello han echado sobre nuestras espaldas toneladas de abuso y desprecio. Hemos sido de sobra ingenuos para crear en pie juntillas en banqueros, seudo-redentores, en milagreros mediocres que nos han deslumbrado con maromas y discursos.

Organizarnos significa entender que somos la mayoría, entender que somos millones, que podemos tomarnos plazas y calles en rebeldía creadora, sin violencia, sin denigrar ni herir la honra de nadie, sin romper vidrieras ni incendiar automóviles. Somos mayoría, necesitamos hacer que nos respeten, que se escuchen nuestras voces, que se sientan nuestros pasos disconformes y libres, que se note a la distancia nuestras frentes dignas, nuestras cabezas erguidas marchando con la con vista al sol, con la piel al viento, enarbolando y para siempre la bandera de la dignidad y respeto a las mujeres y hombres que vivimos en nuestro querido país.

Es bueno recordar que la historia de los pueblos la hacen las mujeres y hombres que habitamos en ella, nuestra admiración al valor de las personas que con su lucha y acción creadora reflejada en el campo, en la ciudad en el taller, en el aula, en el mercado, va en beneficio de las demás personas y conciudadanos. Manifestamos así porque en nuestro pueblo se está calando hondo ese viejo axioma, que viene a constituir norma de castigo o premio en la vida de los seres humanos mucho más en los políticos: No busques la verdad en lo que un hombre o mujer dice si no, en lo que hace, por ello hay que tener presente que obras son amores y no buenas razones. Así sea.