El miedo genera agresividad, y no redime – Conclusión

La agresividad consecuencia del miedo, es como un huracán que extingue la llama de la comprensión, del amor, de la solidaridad, y nos precipita a engendrar el odio, aboliendo los sentidos y sentimientos de amistad, de humanismo, de sociedad y familia, de patria y universo, de respeto y libertad; basta hacer memoria con los pueblos y culturas subyugadas, dominadas por el miedo, sumidos en la amenaza, sometidos al absolutismo, que imprime un miedo sepulcral, reaccionan por la misma fuerza que imprime el miedo, para el cometimiento de actos espeluznantes, episodios de extrema agresividad, de ira en pos del desquite, para liberarse de quienes los dominó por el miedo latente.

El miedo es un acto invisible, pero mal consejero, porque es el generador de la venganza y la incomprensión que a más de sumergir a quien la padece en un sufrimiento extremo, diametralmente opuesto a este dolor y enajenación profunda, es el auténtico productor de una peligrosa agresividad, porque los sentimientos amenazados y oprimidos por el miedo, buscan con ansiedad sin barreras, librarse de esta condición opresora, para que sus decisiones, razonamientos y sentimientos actúen con libertad, libres de opresión, con absoluta independencia, y para lograr este objetivo. No escatiman en el cometimiento de los actos más extremos de agresividad, por su reivindicación, de paz y bienestar.

El libre albedrío, la voluntad y la libertad, son los valores más preciados, son valores de fuerza y razón, creadoras y matriz de todo principio esencial, por ello no existen grandes y sublimes actos, ni grandes talentos, sin la absoluta y libre voluntad, ella excita al cometimiento, a plasmar las más ilustres obras, de los más heroicos hechos, de las más preclaras mentalidades, que solidifican sus obras, sin la amenaza del miedo y la degenerada agresividad; con el imperio de la libertad, y la fortaleza de la voluntad, en el mundo se han vislumbrado y edificado las obras más legendarias.

Un país consternado por el miedo, es un cementerio de almas muertas vivientes, gobernado por la estupidez y el imperio de la ruda fuerza, de la atroz imposición, de la amenaza lacerante y del oprobio a la dignidad como elocuente y dignificante esencia del ser humano.