Cada día toca reinventarse

El mundo moderno cada día nos plantea nuevos retos para los que hay que estar preparados de forma adecuada, para que no nos cojan fuera de base, estos retos son de la más variada índole van desde lo académico pasando por lo económico, hasta lo profundamente humano siendo estos últimos los que mas duelen, por que lo académico es realizable, lo económico es alcanzable, pero en cuanto a lo humano el asunto es mucho más complicado, pues en este aspecto cuesta bastante asumir los retos y pruebas a los que el pasar por la vida nos expone.

Por ejemplo, es hasta cierto punto más factible plantearse metas en los estudios y mediante mucho esfuerzo, dedicación y constancia poderlas cumplir, lo mismo ocurre con objetivos de tipo económico con trabajo tesón y lucha es muy posible coronarlos con éxito, pero en el plano humano la situación es muy difícil ya que se involucran muchos factores internos que nos obstaculizan y dificultan el camino hacia la tan anhelada paz. Podemos citar algunos, como que, casi nunca estaremos preparados para sufrir una desilusión y peor aún si esta nos toma de manera súbita o inesperada, como tampoco lo estamos para soportar una separación temporal o definitiva de uno o varios seres queridos y estos acontecimientos nos dejan cicatrices en el alma de esas que son imposibles de sanar, de forma casi general estas heridas vienen disfrazadas de amor, amistad, y respeto que tu a menudo crees que son absolutamente sinceros y luego te das cuenta de que estabas terriblemente equivocado.

Los resultados son patéticos, desolación, soledad, e incertidumbre y un gran temor de volver a errar. Caes en un pozo de profunda decepción te cuesta mucho volver a confiar en alguien o en algo, solo piensas en medir cada paso, en tomar precauciones para evitar repetir los mismos desatinos. Tus circunstancias te enseñan a jamás bajar la guardia ante el menor peligro, porque a veces diera la impresión de que tienes que luchar contra el mundo porque el mundo lucha contra ti. Y esa impresión te aterra, pero para mi concepto, la mejor forma de llevar la fiesta de la vida en armonía es reinventándose cada día, a mí me lo enseñó mi madre quien solía decir siempre. “Yo, le he de dar hasta que tenga fuerzas para luchar”. Así lo hizo, fue una guerrera a tiempo completo sin tregua ni pausas.

Entiendo que no hay ser humano en este planeta que alguna vez no haya sentido deseos enormes de tirar la toalla, en medio episodio tirarse a la lona y fingirse noqueado. Pero una buena amiga me repite cada que puede, que no podemos darnos el lujo de bajarnos del cuadrilátero sin acabar el combate. Hay demasiada gente, que espera que salgamos victoriosos y no tenemos derecho a fallarles, hasta que no suene el campanazo final, no podemos renunciar, aunque nos provoque rendirnos. Por eso cada día toca reinventarse. La pelea es peleando.