El escándalo de Papeles de Pandora y Vargas Llosa

Una nueva investigación del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés), que se efectuó a partir de una filtración de más de 11,9 millones de documentos confidenciales, ha expuesto las fortunas de diversas personalidades que estarían entre los más influyentes del mundo. La indagación ha sido denominada Papeles de Pandora o Pandora Papers y ha abierto las puertas de la industria offshore, un universo de fideicomisos opacos, empresas de papel, beneficiarios ocultos y poderosos despachos legales. Constituye una investigación periodística la cual está fundamentada en una gran filtración de documentos secretos de 14 despachos de abogados en países como: las Islas Vírgenes Británicas o las Bahamas o Panamá.

Estos datos no habrían salido a la luz de no ser por estos escritos que comprenden más de 50 años de registros y develan quiénes, dónde y para qué se crearon tales estructuras. La investigación ha tenido un desarrollo de casi dos años y para la misma se usaron documentos de texto, hojas de cálculo, correos electrónicos e imágenes, entre otros archivos. Además, hay actas de constitución, registros de accionistas, facturas, pasaportes y diarios de viaje. La filtración habla de más de 27.000 compañías y a casi 30.000 de sus beneficiarios. Los ‘Papeles de Pandora’ ya cuentan con otro nombre famoso. En concreto, todo un premio Nobel de Literatura. El escritor Mario Vargas Llosa aparece en esta lista de presuntos defraudadores de impuestos como titular de una compañía ‘offshore’ en el paraíso fiscal de las Islas Vírgenes Británicas. Ignacio Escolar en su columna de opinión sostiene que: “Ser un grande de la literatura universal, un premio Nobel, un maestro de la ficción, no te convierte en una persona ejemplar. A veces ocurre justo lo contrario, y la obra de Mario Vargas Llosa demuestra que es posible ser las dos cosas a la vez: uno de los escritores más brillantes del último siglo, y también uno de los pensadores más cínicos de la actualidad.

De la obra literaria de Vargas Llosa solo tengo elogios que aportar, empezando por La fiesta del Chivo, una novela magnífica. Otra cosa es su pensamiento político, su faceta como intelectual, sus artículos de prensa… Esa parte de su obra que también se basa en ficciones, en mentiras, que construye confundiendo sus intereses con la realidad. Nadie lo retrató mejor que Ignacio Sánchez Cuenca, en su imprescindible libro sobre La desfachatez intelectual. “Vargas Llosa es el mayor contraste entre un escritor excepcional y un ‘opinólogo’ acartonado, que no estudia los temas a fondo”, critica Sánchez Cuenca. Y tiene razón.

Hoy sabemos que el mismo Vargas Llosa que acusa a los pueblos de “votar mal” cuando no son los suyos quienes ganan las elecciones tenía su verdadera patria en las Islas Vírgenes, donde escondió buena parte del dinero de sus derechos de autor. No en su querida España. No en su amado Perú, un país que intentó presidir. Su verdadera alma, que es el dinero, vivió en un paraíso fiscal.

No es la primera vez que el alma offshore de Vargas Llosa es atrapada en una investigación periodística. Su nombre ya salía en los Papeles de Panamá y hace años que afronta un pleito con Hacienda, que le reclama dos millones por un presunto fraude fiscal. En aquella ocasión, el Nobel de Literatura lo negó, argumentando que él no estaba al tanto, que había sido culpa de un asesor que había abierto una sociedad offshore “sin su consentimiento” para una compra que finalmente no se realizó. Los genios no están en estas pequeñeces materiales, nos quiso contar. Hoy no solo aparece su nombre, también su firma. No hay duda de que entonces nos mintió. “Quiero a España tanto como a Perú”, suele repetir Vargas Llosa. Es un amor un tanto cínico, el patriotismo del defraudador”. La sentencia acusa: “por sus obras los conoceréis”, Así sea.