Aportes de un obispo para reflexionar sobre la realidad actual

El siglo XXI está marcado por diferentes posiciones, de los ciudadanos, frente a lo que conocemos como la política. Para todas las personas es conocido que desde la política se determina la vida de la sociedad, pues desde este ámbito se definen las políticas económicas, las políticas sociales y las políticas culturales. Por ello hay diferentes actitudes frente a esta realidad: para unos es imprescindible la participación en las diferentes actividades políticas; al otro lado, hay personas que dicen que no participan en política porque en estas actividades todo es malo, porque la política representa lo negativo; incluso, hay una tercera posición, otros ciudadanos consideran que la política no les importa, porque cualquier tipo de política que implemente el gobierno a ellos no les importa, porque cada uno se defiende con su trabajo. La indiferencia o la posición negativa frente a la política, perjudica a todos los ciudadanos porque esas personas dejan que otros decidan por ellos, situación que degenera en crisis de todo tipo.

La situación de la mayoría de las políticas económicas, en el mundo, están controladas por la corriente del neoliberalismo que ha provocado las mayores crisis que ha vivido la humanidad. Para iluminar y reflexionar sobre esta realidad, les ofrecemos un fragmento del artículo denominado “No se puede ser cristino y neoliberal” del Obispo argentino Miguel Hesayne:

“No se puede ser cristiano y neoliberal. Porque un cristiano es discípulo de Jesús cuyo mandamiento -eje de todo su mensaje- es el amor solidario, expresado en su sentencia lapidaria: “La felicidad está más en dar que en recibir”. Desde que Dios se hizo un hombre, llamado Jesús, la conducta de toda persona humana tiene el modelo de una existencia plena y realizadora de una convivencia en armonía pacífica. Porque el modelo de todas las actividades humanas del cristiano es Jesucristo y Jesús se presenta en su Evangelio como el “hombre para los demás”. Es el mismo Espíritu del Resucitado que impulsa a cada cristiano a buscar alternativas sociopolíticas para que en el lugar donde vive vayan surgiendo signos de una sociedad fraterna, justa, solidaria.

No se puede ser cristiano y neoliberal. Porque el espíritu del neoliberalismo es diametralmente opuesto al Espíritu Santo, el Espíritu de Jesucristo, el Espíritu que da la Vida y que configura el “ser cristiano”. No niega a Dios y hasta invoca a Dios, pero no es al Dios de Jesucristo. De ahí, que no se puede anunciar a Jesús y llamar a convertirse al Evangelio, en forma real y concreta, sin denunciar la perversidad del sistema neoliberal. Por eso, en un país en el que se implanta el sistema neoliberal: Se engendra la muerte social creando la clase de los excluidos por la desocupación que siembra. Unos pocos pudientes, en poder y dinero, marginan fríamente a una mayoría sobrante. Se altera y corrompe la libertad y la democracia porque no van acompañadas de los valores de la justicia y la verdad y el amor solidario. Se impone en forma inflexible y dogmática la “ley del mercado” a tal punto que, de hecho, se niega alternativa alguna de convivencia comunitaria a causa de la absolutez de los intereses privados de una minoría omnipotente y muchas veces “secreta”. En definitiva –por un “efecto dominó”– se violan todos los derechos humanos que permitan vivir en dignidad de persona humana. En fin, no se puede ser cristiano y neoliberal porque la Fe Cristiana promueve la cultura de la vida y la ideología neoliberal, en su realización histórica al menos, es la antesala de la muerte para una mayoría excluida de trabajo y vivienda digna, de salud, educación, alimentos básicos y recreación necesaria.”.