Cifras escalofriantes

Juan Luna

Diciembre, por un lado, se viste de vivos colores, las multicolores luces entusiasman, los villancicos alegran y los pesebres, cada vez más diminutos en templos y hogares recuerdan el nacimiento de Jesús, hijo de Dios, en manos de sus padres José y María y en un humilde establo. En la otra orilla está la publicidad que comercializa lo humano y espiritual, lo transforma en regalos, cenas, reuniones, que disimulan la realidad y cubre apariencias.

En este alboroto publicitario y de derroche de los que más tienen, es un atentado a la pobreza y pobreza extrema en la que se debaten casi seis millones de ecuatorianos. En este alboroto de fin de año los verdaderos rostros de la pobreza salen a las calles y vías públicas a pedir caridad, cuando realmente están clamando justicia, solidaridad, bien común.

Me permito mostrar cifras publicadas por el INEC en junio del presente año, para mi escalofriantes y deben ser motivo de preocupación y acción inmediata: “Tres de cada 10 ecuatorianos (5,7 millones de personas) viven en situación de pobreza, con menos de USD 84 mensuales. Y en extrema pobreza, uno de cada 10 sobreviven con menos de USD  47.37 al mes. De estos, la mayor concentración en pobreza y extrema pobreza está en el área rural: alrededor del 77%; y en el sector urbano: el 33%”.

Sostiene el INEC que, “gran parte de estas pobrezas se deben a la escasez de empleo. En Ecuador de los 8,39 millones la Población Económicamente Activa – PEA, apenas un tercio (2,68 millones) posee empleo adecuado. En las zonas rurales de los 2,8 millones, solo 446 mil personas (15,7%) cuentan con un empleo adecuado. El 25,9% está en el subempleo, es decir, gana menos de un salario básico, el 32,7% tiene cualquier otro tipo de empleo para sobrevivir, el 23,2% tiene un trabajo no remunerado y el resto está en el desempleo”.

Estas cifras son una parte de la realidad, lo real es la pobreza estructural, propia del sistema y modelo de vida impuesto del norte al sur, amparado en políticas economicistas de prevalencia del dinero sobre la persona y que tanto, gobernantes, líderes y organizaciones la ven como normal o parte del “paisaje nacional” al que hay que dar una dádiva en estas fiestas especiales de Navidad.

El INEC muestra las cifras, sin embargo, los índices de pobreza no cambian “porque hay una pobreza integral, sistémica, holística, que va más allá de la ausencia de recursos económicos y que abarca todo el tejido social. Estamos sumidos en una miseria ética que ha gangrenado todo y se revela en la galopante corrupción, descarada impunidad, manipulación fraudulenta de la justicia, palanqueos, abusos de poder, primacía de intereses personales y de grupo, degradación de la palabra, irresponsabilidad, indisciplina y engaño”, sostiene la Comisión Ecuatoriana de Justicia y Paz, en su carta del 05 de diciembre.

A más de la pobreza económica urge reconocer nuestras propias pobrezas éticas, espirituales, que no se ven cifras, pero que desdicen del ser humano. Este es el momento de replantearnos un modelo de vida propio, distante del confort y de paso a la equidad, ecuanimidad, justicia, paz, desarrollo y buen vivir.