Igualdad dispareja

Sandra Beatriz Ludeña
Es cierto que para bien o para mal pertenecemos a la especie Homo eligens, —animal que elige—. Nadie podrá quitarnos ni suprimir esa capacidad de elección.

Mas sucede que en casos muy frecuentes, nos convence el discurso sobre igualdad dispareja, ahora lo explico.
Es que la mayoría de nosotros, abrazamos (incluso con satisfacción), pero irresponsable e irreflexivamente lo que primero nos ofrecen, y esto no es solo en cosas materiales, también sucede en el mundo de las ideas.

Siempre he creído que no somos bolas de billar que se mueven impulsadas por los estímulos manipulados por un tercero, que tiene el control del taco. Parezco manipulable, sobre todo, cuando quienes prepararon el terreno, me dejaron en estado de vulnerabilidad e indefensión.

Mas, mi bien último, es el poder de elección. Ciertamente el destino, forja circunstancias sobre las que no tenemos ningún tipo de influencia, como: lugar de nacimiento y familia, pero, cuenta también la trayectoria vital que es carácter, el cual es fortaleza y debilidad y creo que éste, es decisivo.

Tomando en consideración que en sociedades como la nuestra se acostumbra a presentar el derecho a ejercer la “igualdad dispareja”, que se basa en los anti-principios de la justicia. Porque la verdadera “igualdad es pareja de la justicia”, esto lo afirmo por ser el único camino hacia la justicia social. Mas, sucede que tendemos a confundirnos.

Es por esto, que en la sociedad de hoy los elitistas tienen aceptación. La exclusión y la codicia campan, mientras que la tristeza y sufrimiento que esto causa tiene que ser aceptado como inevitable. Este conjunto de falsas creencias nos lleva a la destrucción, porque basándose en eso, se forja una “igualdad sin igualdad”.

Veo con admiración como a pretexto de cualquier tontería se forjan élites que pretenden dar estatus a personajes sin autoridad. Es decir, descubro elitismo con intereses creados, supuestos defensores de cualquier culebrón social. Lo que sucede que estos personajes son manipulados para probar cómo convencen y cuan útiles resultan ejerciendo esa “igualdad injusta y deforme”.

En una sociedad de consumo, somos arrastrados por hábitos. Basta recordar que en las fiestas de Navidad, se veía gente atiborrada de compras, ejerciendo una codicia desmedida, y nadie puede discutir su derecho a disfrutar con igualdad dispareja estas fiestas.

Y los que no tenían las posibilidades para ejercer ese derecho de aparente igualdad, hundidos en la tristeza. Desde la injusticia, tiene que ser así, porque eso es inevitable, es condena para los pobres a ser más pobres. Y pensar que solo es cuestión de cambiar las opiniones de la gente, y así cambiar los hábitos, generando verdadera igualdad.