Pensando en Loja (I parte)

Benjamín Pinza Suárez

Ser amigos de utopías es la mejor manera de desafiarnos a sí mismos, de adelantarnos  al tiempo y hacer de los imposibles, formas posibles de construir nuestra realidad.

Pensar en Loja, es recordar su pasado, vivir su presente y preocuparnos por su devenir. Ubicados en esta línea de pensamiento, diría que no siempre Loja ha estado administrada por liderazgos políticos entendidos en planificación estratégica de largo alcance y con criterio geopolítico, salvo honrosas excepciones. Hoy en día, más que ayer, se ha puesto de moda que cada candidato triunfador asume la administración con un “borra y cuenta nueva”, abandonando proyectos emblemáticos y pasándose el tiempo en criticar a sus antecesores, con lo cual esconden su improvisación e incapacidad. Este es uno de los males que ha caracterizado a nuestro país. El candidato que gana la presidencia de la república, la alcaldía o prefectura, en muchos casos,  ni siquiera han sido capaces de diseñar un plan de acción bien concebido que posibilite conducir al país, a la ciudad y provincia de una manera organizada que evite caer en el despilfarro de recursos económicos, financieros y humanos y, más aún, caer en el absurdo de abandonar las obras de sus antecesores, solo por revanchismos politiqueros. Cuando lo deseable es continuar de manera orgánica conservando las obras realizadas,  completando las  obras iniciadas y, lo más importante, realizando una mejor gestión que supere cualitativa y cuantitativamente a la administración anterior. Eso es tener sentido de ciudad, de provincia y de país; eso es apostar al desarrollo y progreso sostenido de los pueblos; lo otro es pura demagogia y mediocridad.

Lamentablemente el pueblo se equivoca eligiendo a quienes ni siquiera tienen sentido de lo que es administrar con vocación de servicio un territorio, con lo que se causa un daño irreparable a los pueblos que se los somete al caos administrativo y a un imperdonable retroceso. Definitivamente se ha caído en la reprochable actitud de condenar a los buenos administradores y aplaudir y guardar cómplice silencio con los mediocres.

Loja requiere de administradores con capacidad visionaria que tengan formación, primero, en cultura porque la cultura es el motor esencial de toda transformación revolucionaria; un pueblo sin cultura es un terreno estéril donde nada crece y florece. Lo que define una transformación social es la cultura por ser el esencial viaducto a través del cual logramos tener una concepción del mundo, de la vida, de la sociedad, de la realidad, del hombre, del conocimiento, de la ciencia, del pensamiento, dándonos la facultad de ser asertivos para comprender y respetar al otro y poder entendernos como sujetos sociales. Además, quien desee aspirar a dirigir el Municipio y la Prefectura, debe tener formación histórica, ser entendido en antropología social, en planificación operativa, en manejo presupuestario, en generación de proyectos y de recursos financieros y sobre todo, ser un líder con voz firme que tenga la entereza de reclamar al poder central lo que por historia y por derecho le pertenece a esta tierra digna de mejor suerte.