El legado del Dr. Félix Paladines

Santiago Armijos Valdivieso

Una triste noticia que rasgó con dureza a Loja la semana pasada llegó a mis oídos: el doctor Félix Paladines Paladines había muerto. La absurda misiva llegó en un momento en que la humanidad empieza a convalecer de los golpes sufridos por la pandemia y se apresta, temerosa, a continuar con el frenético carrusel de la vida. Siempre se ha dicho, y con razón, que la muerte es un eterno océano de paz para el pasajero que se embarca en la nave de Caronte; pero a la vez: un mar de tristeza para quienes quedan al otro lado de la orilla del río Estigia. Eso es precisamente lo que nos deja la partida de tan destacado intelectual lojano: por un lado, descanso eterno para él, y por otro, desasosiego enorme para nosotros. Y como no sentirlo, cuando quien nos deja fue dueño de una personalidad a toda prueba, multiplicada con una larga lista de virtudes y dividida en las justas e iguales porciones que resultan de la solidaridad al prójimo.

El doctor Félix Paladines fue un caballero de tomo y lomo, cuya armadura fue la decencia; su lanza: una pluma llenita de tinta para el ensayo histórico y la investigación social; y su escudo: el de Loja, su querida tierra a la que sirvió y honró con pasión hasta su muerte. Su vida valiosa y trascendente en la abogacía, la catedra universitaria y el servicio público; tuvo su mayor esplendor en la cultura, las letras y en la identificación con las buenas causas de la humanidad a las que defendió con inteligencia y convicción.

Siendo un intelectual con insaciable sed de conocimiento que bebió de variados estantes del saber y viajero del mundo; fue tolerante y respetuoso a la opinión distinta, pues, seguramente, era de aquellos que entienden que las verdades absolutas no existen y que las posiciones ideológicas son válidas en la medida en que son concebidas con la semilla de la honestidad, con el abono del bien común y con el brillo de la solidaridad.

Supe de buenas fuentes que, de su patrimonio bien ganado a lo largo de su fructífera vida; realizaba repetidas ayudas económicas a la cultura lojana y a quienes la cultivan. Todo esto en un marco de silencio, sencillez y natural afecto por el arte y por todas las manifestaciones culturales.   

Al igual que a muchas personas, me abrió las puertas de su incomparable amistad y en varias ocasiones pude disfrutar de su elevada, culta y sustanciosa conversación. Incluso su inagotable generosidad de espíritu me distinguió con la escritura de un prólogo para mi libro de cuentos: En los senderos del sur. Su vocación cultural y su espontánea voluntad por apoyar todo aquello que significara cultura lojana fue enorme y para ello, no escatimó tiempo ni esfuerzo alguno.

La obra escrita que deja el doctor Félix Paladines es de inmensa valía por ser el resultado de exhaustivas investigaciones inundadas de objetividad y rebosantes de cariño a la patria chica. Entre otros libros, quedan como legado literario los siguientes: Reflexiones sobre la cultura lojana, Loja de arriba abajo, Identidad y Raíces, y, últimamente ¿Por qué escribir la historia desde la Periferia?

Resultará muy difícil encontrar a un lojano contemporáneo que haya hecho más por la cultura de nuestra tierra que el doctor Félix Paladines. De ahí que, su correcta y carismática forma de ser, sus escritos sustanciosos, su plena identificación con Loja y su cristalino quehacer público; deben ser tomados como luminosos ejemplos por las nuevas generaciones que aspiran ver a este terruño como un consolidado y potente centro cultural del Ecuador.

El doctor Félix Paladines Paladines: lojano grande, solidario y generoso; deja un enorme vacío físico en Loja, pero un incalculable aporte cultural. Queda el consuelo de que sus hijos, nietos y libros, prolongan su trascendental y limpia existencia.