Invertir en cultura es transformar la inteligencoa del ser humano

Campos Ortega Romero

Cultura es todo lo que existe en el mundo, y que ha sido producido por la mente y la mano humana. Las fiestas, los alimentos, los sistemas políticos, la manera de pensar, la ropa y las modas, los medios de convivencia, el daño al medio ambiente, la manera de jugar al fútbol, la guerra y las armas, los actos humanitarios… Por eso se dice que la cultura es la forma, para bien o para mal, como el ser humano ha modificado la naturaleza

La conferencia Mundial, reunida en México para tratar sobre las Políticas Culturales, la comunidad internacional ha decidido contribuir  efectivamente al acercamiento entre los pueblos y a la mejor comprensión de los seres humanos. Al expresar su esperanza, en la convergencia última de los objetivos culturales y espirituales de la humanidad, la Conferencia concertó: que, en su sentido más amplio, la cultura puede considerarse actualmente como el conjunto de rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias. 

Que la cultura da al ser humano la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones., toman conciencia de sí mismos, se reconocen como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, buscan incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que los trascienden.

Bien podemos aseverar que la afirmación de la identidad cultural contribuye, a la liberación de los pueblos. Por el contrario, cualquier forma de dominación niega o deteriora la identidad de los pueblos. La identidad cultural es una riqueza que dinamiza las posibilidades de realización de la especie humana, al movilizar a cada pueblo y a cada grupo a nutrirse de su pasado y acoger los aportes extremos compatibles con su idiosincrasia y continuar así el proceso de su propia creación. 

Entendemos que invertir en cultura es transformar la inteligencia y la creatividad, apostar a valores que coadyuven a construir una sociedad más imaginativa y justa. Es dar luces al pensamiento colectivo para salir de esos “muros de infierno –que llamó Sábato- cada día más herméticos”, es decir construir la identidad cultural. Para centrarnos en el problema de la identidad cultural, debemos hacerlo, comprendiendo que la cultura no es estática, inmutable e invariable en el tiempo, sino como proceso de construcción, de dinamización, que se gesta a partir de un pasado para superarlo en el presente y transformarlo. Lo que implica dejar atrás, esa muletilla, que se constituye en un eufemismo simple y vacío, “hay que rescatar la cultura”.          

Huidrobo y Martinic, señalan: “Una educación centrada en la dinamización cultural, en lo fundamental no busca la reproducción del orden social sino su transformación. Esto implica hablar de un sistema educativo que forme parte de y represente a un proyecto social, reconociendo su participación activa en él”. El civismo, como un valor auténtico, también nos obliga a convertirnos en héroes desde nuestras pequeñas trincheras en el trabajo o estudio, al dar lo mejor de nosotros mismos por nuestras familias, instituciones y país en general. Solo así podremos emprender en la construcción de un Ecuador, grande, activo, solidario, para promover los derechos de todas las personas, camino para terminar aceptándonos como somos, para respetarnos, amarnos y entender que todos tenemos  el deber de caminar juntos para lograr una Patria que nos cobije a todos por igual. Así sea.