Un nuevo cielo

P. Milko René Torres Ordóñez

La Iglesia, como Maestra Y Madre, es sabia en su pedagogía. Es una verdad que no admite comparación En el Nuevo Testamento encontramos muchos acontecimientos importantes. Uno de ellos se narra en el libro de los Hechos de los Apóstoles (2, 1): “Cuando llegó el día de Pentecostés, todos ellos estaban juntos y en el mismo lugar».

Luego, el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles y los demás creyentes y así nació una comunidad nueva en la ciudad de Jerusalén: «…y se añadieron aquel día como tres mil personas» (Hechos 2, 41). Nos preguntamos: ¿Por qué ocurrió este hecho tan importante?¿Qué relación tiene con la festividad judía de Shavuot? ¿Cuál es su trascendencia en la historia del mundo? Para comprender este acontecimiento debemos apoyarnos en el contexto del mundo judío. Israel es un pueblo muy religioso en el que predominan las fiestas litúrgicas. Una de ellas es la Shavout, Fiesta de las Semanas. Una de las tres festividades de peregrinación bíblica. En el Nuevo Testamento se la conoce como Pentecostés. Constituye el fin del conteo de las siete semanas entre Pesaj y Shavuot. No podemos hablar de una simple coincidencia por el hecho de que se abriera el cielo y el Espíritu Santo descendiera sobre los discípulos en Pentecostés. Algo con un sentido muy profundo sucedió  en Shavuot. Nos adentramos un poco en la tradición judía. Nos cuenta que Shavout recuerda la entrega de la Toráh a Moisés. El pueblo de Israel llegó, en el tercer mes, al Sinaí. Los sabios judíos entendieron también que Dios les entregó la Toráh aquel día. Queda claro, por lo tanto, que el acontecimiento más importante en la tradición de los judíos es la recepción de la Toráh en la Fiesta de Shevout. Ahora podemos valorar la gran similitud entre la entrega de la palabra de Dios y la entrega de su Espíritu Santo. Se abre el cielo y Dios fortalece a su pueblo.Hablar de un nuevo cielo es reflexionar en una nueva tierra. Hemos concluido el tiempo pascual, intenso por tantos motivos: cambio climático, corrupción, inseguridad, invasión rusa, pandemia, pobreza. Sin embargo continuamos abiertos a la esperanza. ¿Qué nos aporta este nuevo Pentecostés? Enumero algunos valores que tenemos que fortalecer para recuperar nuestra identidad cristiana: amor a lo bueno, búsqueda de la fraternidad, lucha por la paz y la unidad. Siempre creo que el hombre nunca debe de gestar utopías, creer en ellas, hacerlas realidad. Enseña san Juan en el Prólogo que el Verbo se hizo carne y que habitó entre nosotros. Puso su morada en el mundo. Su ternura enfocada en la revolución del amor se desarrolló en medio de un contexto histórico, muy humano, vulnerable, cuya respuesta le llevó a morir en la cruz para entregarnos su luz. El Espíritu Santo, con sus dones, impulsa al hombre de siempre a un magis, de acuerdo a la pedagogía ignaciana, que significa entregar mucho más de lo que puede y tiene. El nuevo cielo está en cada uno de nosotros. No es necesario forzar nuestro intelecto para comprender que cada hombre que vence sus miedos construye la civilización del amor.