Miguelinos por siempre y para siempre

La Escuela Miguel Riofrío llega a su Centésimo Vigésimo Séptimo aniversario de fundación. Este hecho provoca que surjan los recuerdos de mi promoción y de una amistad imperecedera.

Nos encontramos por primera vez en el año de 1965 cuando entramos a estudiar en nuestra emblemática centenaria escuela Miguel Riofrío y culminamos nuestra etapa escolar en el año de 1971. Fuimos privilegiados por tener profesores de alta calidad humana y con grandes conocimientos de pedagogía, metodología y carisma de sobra para educar a ese coro de bulliciosos gorriones que pasaron de grado en grado entre estudios y travesuras.

El tiempo pasa y cada quien toma su rumbo en la vida, por lo que el contacto se ve afectado por la distancia, por las ocupaciones, por las familias, por los hijos, pero el sentimiento de hermandad y compañerismo sigue latente a pesar del tiempo y la distancia. Queda en nuestra mente y en nuestro corazón la esencia de la amistad, el sano humor, los consejos, las risas, los chistes, las penas compartidas y todo lo que significa la amistad verdadera.

Hay personajes que dejaron su impronta en nuestras vidas y que por las vicisitudes de la vida se ausentaron de la patria. A ellos les llamamos “la legión extranjera”: Pedro Monteros, Ángel Arévalo, Augusto Lavanda y nuestro gran arquero Alberto Jiménez.

Recuerdo las barras de la escuela alentando al equipo de indor fútbol, en busca de la tan ansiada copa de campeones Inter escolar, en un partido a muerte con la Escuela José Antonio Eguiguren, «La Salle», en la que nuestros personajes se vistieron de héroes.

Con motivo del aniversario de nuestra escuelita, se organizó un partido de indor fútbol entre los exalumnos y los profesores. Fue una memorable pichanga en la que el abrazo y los recuerdos fueron los mejores goles del encuentro. Amigos de infancia como: Vinicio Ayala y Pepe Barrazueta, fueron invitados de honor para reforzar a nuestro equipo.

En fin, este aniversario solamente ratificó que somos Miguelinos por siempre. Que lo más valioso en la vida no es lo que tenemos, sino a quien tenemos. Este compañerismo es un verdadero brindis por la vida, por las sonrisas que encantan, por los que abrazan apretado, por los que sueñan sin límites, por los que se aventuran sin ceremonia. Por los que se visten de esperanza y se rehacen. Por los que aman con verdad y los que vibran con felicidad. ¡Un brindis por todos los que adornan con dulzura y dan color a los aciagos días!… Un brindis por los amigos que permanecen, unos con sus cabellos canos, otros con las arrugas de la vida, pero que el tiempo ha mantenido sus corazones nobles y puros. Nacimos en Loja, mas no sabemos dónde moriremos. Un día, cuando mis hijos, mis nietos, vean mis viejas fotografías y me pregunten: «Papá, ¿Quiénes son estas personas?”… Les diré: «Hijos, son las personas con las que pasé los mejores días de mi vida. Son los Miguelinos por Siempre y para Siempre».