Lo fundamental es la paz

Ruy Fernando Hidalgo Montaño

Más de la mitad del mes que decurre, los ecuatorianos hemos estado en vilo por las protestas que se desarrollan en las calles de las principales ciudades del país. Se han dado hechos lamentables, incluyendo muertes de ambos bandos, tanto de los manifestantes, como de la fuerza pública. Esta situación a mí, particularmente me ha permitido percatarme de lo tan peligrosamente divididos que estamos, esto, en un país tan pequeño es totalmente perjudicial, pues parece que hay muy pocas cosas que nos unen, y a su vez muchísimas, que nos separan, sería muy tedioso mencionarlas, y este espacio muy reducido para hacerlo.

Se busca desesperadamente motivos de consenso, pero de momento no se los encuentra, nuestra sociedad está fragmentada por la desigualdad existente en ella, y una carencia casi completa de solidaridad que aterra. Todos van y caminan en pos de sus intereses personales, nadie busca el bien común, salvo que se tenga una buena tajada de por medio, ya sea de mejorar y proyectar una imagen de bondad que en el fondo no se tiene. Entre nosotros mismos tenemos arranques de sentirnos superiores a nuestros coterráneos, solo por tener la piel más clara, y una posición de índole económica más cómoda, que muchos de nuestros hermanos, por ende, quitamos valor a su lucha en las calles, nos llenamos la boca diciendo que, al país solo se lo saca adelante trabajando, es súper fácil decir eso, cuando se tiene trabajo y las tres comidas cada día en la mesa.

Sueño con un país, en el que todos, por lo menos imaginariamente nos pongamos en los zapatos de los otros, debe ser indignante escuchar decir que, todo está bien, cuando en tu entorno falta todo, para que todo esté perfecto, cuando solo puedes sentir impotencia, junto a una bronca gigante ante la injusticia generada en tu propia tierra, cuando tu patria se cae a pedazos presa de la corrupción y del narco tráfico, delincuencia organizada, sicariato, aupados por una clase política inepta y encima deshonesta, que no duda ni por un instante en vender de forma descarada e indecente los sueños y esperanzas de su gente. Solo por satisfacer su insaciable sed de poder.

Urge en este momento buscar prioritariamente caminos de encuentros y consensos, desandar caminos de separación y desencuentro, eso se logra poniendo primero los intereses generales de una gran mayoría, sobre los de orden personalista o de pocos, pero de manera diáfana y transparente, sin creernos débiles por ceder posturas, ni superiores porque nuestra opinión sea respetada sobre otras. Solo así, juntos y tolerantes lograremos que en nuestra tierra empiece a tomar cuerpo lo fundamental la paz.