El planeta flagelado (II parte)

Lcdo. Augusto Costa Zabaleta

Al definir el desastre como un suceso infeliz, infausto y lamentable, se puede puntualizar que el desastre natural es un acontecimiento concatenado en el espacio y el tiempo en que una comunidad (sociedad) experimenta un indescriptible peligro en su condición humana y material, en la que sus fundamentos estructurales se dislocan y disgregan, con las características de sobrevivir intempestivamente una fuerza mayor y caso fortuito.

Esta verificado el criterio inequívoco de que los desastres naturales se están repitiendo con mayor frecuencia e impiedad en los últimos tiempos y en las cuatro latitudes del globo terrestre: Los huracanes de Katrina y Rita que afectaron a los Estados de Nueva Orleans, Texas y Luisiana con la irreparable pérdida de millones de vidas humanas y un costo de doscientos ocho mil millones de dólares; el alud en Guatemala que afecto a Atitlán  y Panabaj que son zonas constitutivas de alto riesgo; en México Chiapas, el ciclón Stan; en el nororiente del Perú un terremoto; y de mayores proporciones y desolación el sismo en Cachemira territorio ubicado en la frontera entre Pakistán e India, cuyo epicentro localizado en Muzaffarabad, va cobrando aproximadamente cincuenta mil vidas y un panorama desolador.

A los desastres naturales se los clasifica bajo parámetros convencionales: Hidrológicos (inundaciones, oleajes, tempestuosos y tsunamis); Meteorológicos (huracanes, ciclones, tifones o tornados); y Geofísicos (terremotos y volcanes) y se amplía actualmente a peligros como: la sequía, las heladas, las plagas, las epidemias y enfermedades, y a causas técnicas o artificiales como inundaciones y envenenamientos en masa.

Ante estos dramas holocausticos e imprescriptibles que impregnan y laceran psíquica y físicamente a la humanidad desprotegida, surgen con probidad las Normas Humanitarias Internacionales para el caso de desastres, una de entre muchas ‘’ La Estrategia Internacional para la Prevención de Desastres’’, propuesta por la ‘’UNDRO’’ y aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su vigésimo y trigésimo periodo de sesiones. Existen muchas más de orden obligatorio y discrecional, para auxiliar y mitigar el dolor.