Alto costo para el evento electoral 

Antonio C. Maldonado V. 

Somos un país dolarizado, pero no tenemos una economía dolarizada ya que siendo subdesarrollados nuestra riqueza fundamental para exportación está en la materia prima; esta situación es favorable para el turismo a países con elevada cotización del dólar; en esas condiciones se llevarán a efecto las denominadas elecciones seccionales 2023, cuyo costo se inicia siguiendo el modelo de EE.UU. con elecciones primarias a diferencia de que allí solo hay dos partidos políticos mientras nosotros contamos con una oleada de candidaturas. 

Para el 2023, existen 278 organizaciones políticas habilitadas, esto es aprobadas por el CNE, de las cuales 17 corresponden a partidos y movimientos políticos nacionales que solo aparecen en tiempo de elecciones, 69 a movimientos provinciales, 173 a cantonales y parroquiales 19; es importante que la ciudadanía conozca, aunque no a plenitud porque eso es muy difícil que es lo que se elige lo que paso a detallar: 23 prefectos, 221 alcaldes, 868 concejales urbanos, 437 concejales rurales y 4.084 vocales de juntas parroquiales, total 5.633 nuevas autoridades seccionales; además, y esto es a nivel nacional deben elegirse 7 vocales del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, organismo que por más que quieren los interesados no logran desaparecerlo ante la voluntad soberana expresada en las urnas, a las que tienen que concurrir 13.4 millones de sufragantes: 6.8 millones mujeres y 6.6 millones hombres, pero como acontece y no solo en nuestro país un 30% no intervienen en este proceso.

Nuevamente tendremos la “alegría de mirar rostros sonrientes” en pancartas ubicadas en sectores un tanto distantes de los recintos electorales y escuchar por parlantes y en los medios de comunicación las tradicionales ofertas de campaña que luego del triunfo las olvidan y queda soslayada la atención de las reales y urgentes necesidades del pueblo; muchos candidatos caen en la tentación irresistible de volver al mando, aunque sea seccional ya que en esta forma siguen siendo personajes importantes en el colectivo, esto es, siempre son los invitados a conmemoraciones o festividades no solamente con la tarjeta sino entregada esta por una comisión que prácticamente le suplica no falte y para no añorar ese privilegio que los ubicaría nuevamente como el común de los habitantes optan por la reelección, algunos como lo hacen públicamente “dispuestos al sacrificio” si así lo solicita la colectividad, suceso que acontece tanto en las principales ciudades como en los cantones de nivel inferior; así observamos en Guayaquil, en Azuay, en Manabí, en Manta y hasta en nuestra ciudad por citar algo.

Esperemos que este derroche de recursos económicos que tanta falta hacen para solventar problemas que requiere el colectivo local, la pantomima del control del gasto electoral no puede funcionar, inclusive algunos utilizando los recursos de las instituciones donde están laborando, pero como según la ley pueden hacerlo ya que aún no son candidatos y todo esto eleva el costo que ocasiona al CNE.