El entusiasta emprendedor

Diego Lara León

Un empresario agropecuario sacó un anuncio en el periódico local, el anuncio decía: “busco emprendedor joven para que sea mi socio en un nuevo proyecto agroindustrial”. Tiempo después se presentaron varios “jóvenes emprendedores” y luego de un proceso de preselección quedaron 3 entusiastas futuros socios.

A la cita fueron convocados los 3 jóvenes al mismo tiempo. La charla trascurría entre conversaciones sobre innovación, tendencias, networking, coworking, know how, proyecciones mundiales, estadísticas y demás temas del maravilloso mundo del emprendimiento. Mientras esto sucedía el empresario recibió una llamada del área de bodega. Aquel día era fiesta en el pueblo cercano y algunos obreros no fueron a trabajar y acababa de entrar un pedido importante que debía ser entregado ese mismo día. La dificultad estaba en que aún faltaban por ubicar en el camión 100 cajas de productos que fabricaba esta empresa.

El empresario les pidió a los 3 “entusiastas emprendedores” que le ayuden a cargar el camión y luego de ello decidiría quien sería su socio en el nuevo emprendimiento logístico.

El primer “entusiasta emprendedor” pensó que esa era una tarea para la que él estaba sobre calificado, pensó que sería una humillación, pensó que sería una explotación del empresario, preguntó a recursos humanos cual es el pago que la empresa realiza por hora de trabajo y llamó a un equipo de estibadores para desocupar el camión. El problema fue que el equipo en mención no estaría disponible hasta el lunes siguiente.

El segundo “entusiasta emprendedor” sacó su teléfono inteligente para calcular el tiempo que necesitaría para cargar cada caja y a la actividad la llamó “pack flow”. A continuación, pensó que sería una buena idea buscar un nombre llamativo para el proyecto, que luego se convertiría en el nombre de la empresa. Incluso pensó que debería buscar cierto capital para estructurar el proceso: una oficina, cierto personal que se encargue del marketing y de la contabilidad, aunque esto lo podría solucionar con un coworking activo, o buscando una aceleradora de empresas. Se contactó por redes sociales con varios gurús del emprendimiento y les preguntó cómo debería afrontar la situación y cuáles serían las ventajas a mediano y largo plazo, incluso reservó el nombre del dominio de la empresa y dudó entre constituir una compañía limitada o una sociedad anónima.

Mientras esto sucedía con los dos primeros “entusiastas emprendedores”, el tercero se dio cuenta que un obrero al otro lado de la bodega operaba una cargadora de pallets manual, le pidió que le enseñe a usarla y cargó el camión en algo menos de media hora.

Creo que es muy claro determinar quién fue el emprendedor con el cual el empresario se asoció.

Recordemos que el mejor profesor es aquel que explica con lenguaje sencillo un concepto difícil. En el mundo de los negocios las cosas importantes normalmente son las más sencillas, todo lo forzado no tiene un buen final. No estoy incentivando la anarquía, se requiere planificación, pero cuidado con contagiarse de “planianitis”.

El emprendimiento que sobrevive en el tiempo es aquel que nace sencillo y que crece con talento, orden, esfuerzo y visión. El apoyo es fundamental para el emprendedor, pero el apoyo se lo busca y se lo merece, duden del emprendedor que dice “no emprendo porque nadie me ayuda”. El emprendimiento no solo es un trabajo, el emprendimiento es una forma de vida.