Racismo ecuatoriano

Por: Sandra Beatriz Ludeña

Acabamos de pasar la conmemoración de una fecha histórica como es el Primer Grito de Independencia de la colonización española, pero algo de lo que no nos independizamos es del racismo, de ese desprecio por nuestra raza. Rahier (1998:428) argumenta que el racismo ecuatoriano se encuentra vivo y reinante.

Lo vivimos a diario, cotidianamente y con frecuencia se escucha referirse con desprecio hacia personas de la comunidad de la misma raza.  Ni se diga en los concursos de reinas, las mujeres son evaluadas de acuerdo con los criterios que emanan de modelos transnacionales de belleza.

Se tiene que analizar que tales modelos obedecen a órdenes racial/espaciales que definen el lugar comparativo de diferentes grupos en los escenarios locales/regionales, y nacionales. Las investigaciones realizadas al respecto permiten afirmar que en sociedades como la nuestra, la normativa de belleza todavía le pertenece en gran medida a los grupos blanco-mestizos, urbanos y de clases medias y altas.  Por tanto, comprende marcadores étnicos, de clase y geográficos de inclusión y exclusión en el ideal de la nación.  

Como efecto de este racismo acentuado las poblaciones afroecuatorianas e indígenas son arrojadas a la periferia de la nación, tanto en términos de construcción social que las liga al espacio subordinado del campo con respecto a los centros urbanos blanco-mestizos, como en relación con la construcción social de la belleza y del deseo.

Las exigencias de belleza para el paradigma de estética corporal y fisonómica son difíciles de satisfacer para la mayoría de mujeres e incluso hombres ecuatorianos, pues, en lo que respecta a las mujeres, la delgadez y el tono de piel rozan los límites extraterrestres. Qué intento decir con esto, es que tales requisitos para considerarse hermosos se constituyen en una pesada carga que coloca en claro conflicto nuestras características raciales, es decir, contraponen posibilidades reales de belleza con las exigencias del paradigma de belleza.

De esta manera, los ecuatorianos difícilmente podríamos considerarnos representantes de  belleza física, puesto que entre nosotros mismos nos despreciamos, nos vejamos con términos peyorativos que popularmente dicen: “este indio”, “este cholo”, “este montubio”, y más, de esa forma  se aprecia la discriminación, con un subtexto de blanqueamiento que todavía se encuentra presente en el proyecto de estado-nación como herencia de la colonización española.

Sin embargo, la importancia de las protestas de los movimientos indígenas y afroecuatorianos ha hecho tambalear el orden racial-espacial.  Por todo esto, esta reflexión llama a independizarnos también del racismo.