Mi potencial creativo para la maestría de un oficio

Galo Guerrero-Jiménez

Es innegable que nuestra conducta humana es el producto de la interacción entre herencia biológica y el entorno socio-cultural en el cual nos movemos. Y lo sorprendente de esta realidad vital es que al nacer ya contamos con ciertas aptitudes y una manera de ser muy peculiar y tan particular en cada naciente que, por supuesto, se desarrollará armónica o malsanamente según las circunstancias que la vida le depara a cada ser humano y que, por ende, se desenvuelve gracias a que la mente ya posee una organización innata, lo cual es tan saludable para que a lo largo de su vida pueda enfrentar racionalmente “los tintes morales, emocionales y políticos que el concepto de la naturaleza humana entraña en la vida moderna (…) [desde] una interacción compleja entre la herencia y el medio: la cultura es esencial, pero no podría existir sin unas facultades mentales que permiten que los seres humanos construyan y aprendan la cultura” (Pinker, 2021) de la comunidad en la cual interactúan cotidianamente desde el ámbito de su formación y con el estilo e individualidad que le es característica a cada persona.

Vale recalcar que, esas aptitudes innatas y esa manera individual de ser las ponemos en práctica en todo momento y de conformidad con el conocimiento que de la vida vamos adquiriendo para responder con creatividad, como debería ser, desde nuestra racionalidad y con el grado de interioridad que vamos procesando cognitivamente para aprender un oficio y enfrentar la vida desde esa realidad terrenal.

Ahora bien, para tener éxito en el aprendizaje de un oficio, solo será factible si “en el núcleo de ese gran esfuerzo está, de hecho, una cualidad genética e innata; no talento ni capacidad, que es algo que debe desarrollarse, sino una inclinación firme y profunda por un tema particular. Esta inclinación es reflejo de la singularidad de una persona” (Greene, 2020) y, por lo tanto, es tan especial, porque surge de nuestra interioridad, es algo que nos llama, que está ahí, de manera tan personal; pues, “el nivel de nuestro deseo, paciencia, persistencia y seguridad termina por desempeñar en el éxito un papel mucho más importante que la posesión de facultades mentales extraordinarias” (Greene, 2020).

Por eso, es necesario que le hagamos caso a esa intensidad y a ese deseo interior por perseverar desde la más honda afinidad que la persona siente en ese campo de estudio hasta que, si se lo propone, pueda llegar al más alto grado de su maestría, de ese dominio que lo hace feliz porque sabe que, esa alta preparación, le es consustancial a su condición humana. Y si ese tema particular que le atrae tanto es de corte intelectual, qué mejor que se apropie de la cultura de la lectoescritura; pues, ella, como una oportunidad para crecer en ideas creativas que le permitan robustecer su condición cognitiva y su llamado interior, pensando en que, de manera especial, “la lectura es una más de las muchas formas por medio de las cuales pueden acceder al saber, al conocimiento, al placer, al gusto de estar en este mundo” (Arguelles, 2017) todos aquellos que saben, desde su más genuina interioridad mental, que “no hay libros que, por sí mismos, tengan la llave para abrir las puertas del bien a los lectores, ni los hay que cierren el pestillo de las puertas de la maldad. Es la educación humanista y el desarrollo de la ética, entre otras cosas, lo que hace que leamos el libro que sea (cualquier libro) con un espíritu abierto y una inteligencia alerta” (Argüelles, 2017), de manera que no pierda el contacto con ese llamado interior, es decir, con ese sentimiento tan vital para que aprenda a realizarse con maestría y buen talante desde el gusto y por el gusto de hacer lo que más le guste en la vida: solo así será plena y efectiva su realización personal, dado que, estará acorde con la formación de su educación, profundamente humanística.