El pueblo más feliz es el que tenga mejor educado a sus hijos

Campos Ortega Romero

El inicio del nuevo año lectivo, nos invita a pensar en nuevas esperanzas, nuevos sueños y utopías en la formación del mañana de nuestro país. Consideramos que la educación como derecho humano y como formación de recursos humanos, tiene un valor decisivo tanto en el plano ético como en el desarrollo económico y social, ayudando en la formación de las mujeres y hombres nuevos. Reflexionamos que el contenido de la educación no es adorno del espíritu, sino un instrumento de realización de los seres humanos dentro de su ambiente social para estudiarlo, investigarlo y transformarlo en beneficio de la comunidad.

Razonamos que la niñez y juventud actual ya no son los niños y jóvenes de hace treinta años. El adelanto tecnológico, el ambiente de curiosidad, la propaganda, publicidad de radio y televisión, el relajamiento y afán de divertirse han penetrado en todos los hogares de nuestro país, nuestros niños y jóvenes son completamente diferentes a sus antecesores, por lo que se requiere sutil sabiduría para disciplinarlos y orientarlos, es decir educarlos.

La educación desde siempre pretende que todas las personas accedan al conocimiento y a toda información disponible. Por ello señalamos que la educación no es empujar por un solo camino y esconder otros. La educación es mostrar todos los caminos y poner a disposición de los estudiantes los elementos para que opten libre y responsablemente por el que prefieran. La educación no es la indiferencia del que no toma partido. La educación es asumir el compromiso de la igualdad en la diversidad. Igualdad de derechos. Igualdad de oportunidades, igualdad ante la Ley, igualdad ante la vida. Caso contrario significará mecanizar cerebros, lo que significa traicionar a la humanidad anhelosa de horizontes de justicia y belleza.

Sin duda alguna, reflexionamos que la educación forma hombres y mujeres limpios, con personalidad robusta, libres de prejuicios y de fermentos de pasiones seniles, es decir de formar y orientar generaciones en las que pueda confiar la República y podamos confiar los ecuatorianos con esa necesidad suprema que tenemos de esperanza y renovación.

Con la formación de una educación liberadora, la niñez y juventud de mejor manera llevarán adelante la consigna de ser las forjadoras de una legión de hombres y mujeres de honor para la Patria, con el imperativo de estar atentos a las palpitaciones, dolores y anhelos del pueblo; porque saben que tienen que imprimir una huella en el campo de la historia civil y cultural de nuestra ciudad y del país.

El apóstol cubano de la educación, José Martí, en un bello escrito cuya intemporalidad y significado lo pone hoy como ayer a la orden del día, manifestó: «El pueblo más feliz es el que tenga mejor educado a sus hijos, en la instrucción del pensamiento, y en la dirección de los sentimientos. Un pueblo instruido ama el trabajo y sabe sacar provecho de él. Un pueblo virtuoso vive más feliz y más rico que otro lleno de vicios, y se defenderá mejor de todo ataque». Recordamos que en una sociedad democrática un pueblo capaz de gobernarse a sí mismo, supone ciudadanos capaces de juzgar con criterio propio y de participar con responsabilidad en la vida y marcha de la comunidad, sin un pueblo educado, intelectual y moralmente maduro, no es factible establecer, ni mantener, un sistema democrático. La educación conduce a la creatividad individual y mejora la participación en la vida social, económica, cultural y política de la sociedad, por lo que es necesario en el proceso de diseño de políticas públicas, generar los escenarios de justicia social, en este sentido, valores como la equidad y la solidaridad vienen a ajustar los procesos de desigualdad y exclusión.   

Bien por la radiante juventud lojana por su sonrisa en la aridez en medio de la deshumanización que día a día hace presa de los lojanos. Salud radiante juventud, de Loja del país y del mundo. Que nos recuerda que: Ser mejores  no es lo mismo que tener más. Ser mejores es reconocerse en los semejantes y entre todos, en ese marco de relaciones desde la diversidad y en igualdad que es la educación, construir un mundo mejor para todos. Así sea.