La paradoja del agua y los diamantes

Diego Lara León

¿Estaría dispuesto a pagar más por un vaso de agua que por un anillo de diamantes? ¿Pregunta absurda?, pues no, es más, esa pregunta no ha dejado de ser estudiada por la economía en estos últimos 3 siglos.

El agua calma nuestra sed y es necesaria para la vida, por lo que todos estaremos de acuerdo que es mucho más útil un vaso de agua que un anillo de diamantes. Pero, ¿qué lleva a la gente a pagar tanto dinero por el anillo a pesar de su escasa utilidad?

Si estuviésemos en un desierto sedientos y de pronto viéramos a alguien que nos ofrece diamantes a 1 dólar y botellas de agua a 1000 dólares, seguro que no dudaríamos en pagar lo que fuese y comprar la botella de agua. Evidentemente las condiciones del ejemplo son extremas, pero sirve para explicar que el valor de las cosas depende de su abundancia o escasez y que ese valor no siempre es el mismo.

Ya Adam Smith considerado como el padre de la economía, decía en 1776 que “…nada es más útil que el agua, pero ésta no comprará nada; nada de valor puede ser intercambiado por ella. Un diamante tiene escaso valor de uso, pero una gran cantidad de otros bienes pueden ser frecuentemente intercambiados por éste”.

La respuesta a la pregunta de este editorial está en la abundancia y en la escasez. El agua es tan barata porque hay en abundancia, en cambio, los diamantes son tan caros porque son muy escasos.

Si ingresamos en un mercado donde hay mucho de los productos que nosotros queremos vender, pues entonces el precio y el margen de utilidad unitario serán muy pequeños. Si queremos mayor precio y mayor margen, quizá debamos analizar cuantos productos similares a los míos hay en el mercado.

No olvidemos que con lo cambiante del mercado y la sociedad, hoy en día la abundancia puede ser volátil. Vivamos con la misma prudencia y sabiduría tanto la escasez como la abundancia.