Cuando llegue el ocaso

Y cuando de repente, se avecine el ocaso

y un hondo pesimismo me torture hasta el alma,

procúrame te pido, serenidad y calma,

y estréchame más fuerte, en un intenso abrazo.

Con la muerte mujer, no acaba la existencia

solo cambia de estado, porque luego atraviesa,

el dintel a la Gloria, la que recién empieza,

al lado del “Eterno” y su grata presencia.

Ni flores ni leyenda, en el sepulcro helado preces,  solo en sufragio del alma de tu amado,

lo harán merecedor del infinito Cielo.

Pues solo tus plegarias, sentidas, generosas,  llenas de fe y de amor, acaso poderosas,

en la nueva moroda, serán un gran consuelo.

Acf.