Manuel Vivanco Riofrío: Destino Sur

María A. Valdivieso Cueva.

Qué grato ha sido recibir  la nueva obra de este importante escritor lojano, nacido en 1953, quien la ha agregado a su producción literaria iniciada con su primera novela Los gagones de Solanda, a la que siguió El desafío de decir. Destino Sur, la ha llamado, pues al sur de la patria queda Vilcabamba y su mítico cerro Mandango, lugar en donde  inicia  y termina el relato de sus historias, y cuyo principal protagonista es Antonio Joaquín.

Se la puede ubicar dentro de la novela histórica, pues está basada en documentos históricos minuciosamente investigados por el autor, que tienen lugar ya al finalizar la Colonia,  a inicios del siglo XIX.  Xavier Michelena en el prefacio  dice: “Manuel Vivanco, con talento, ha organizado la novela en cinco cuadernos, cada uno escrito por un narrador diferente y en un lugar y tiempo específico”. También dice Michelena que esta novela se suma a una tendencia de la narrativa hispanoamericana, que a partir del relato histórico, indaga en los orígenes y las identidades construidas por la migración.

Es precisamente una migración realizada dos siglos atrás el relato principal de la obra: el viaje que realizan los tres hijos de don José David, gobernador y dueño  de un pueblo en el valle de Mena, Burgos España, hacia la América nueva. Es una migración impuesta a Víctor Francisco, el hijo menor de la familia, como castigo a un hecho considerado delictivo por el padre.

Se embarca en el Galeón De las Mercedes, comandado por el Capitán Capimonte, con una tripulación de veintidós marineros y ciento setenta emigrantes, con identidad y papeles falsos. Viaja  junto a sus hermanos  mayores Simón Martín, Jerónimo Asensio y su pareja sentimental Miranda, una hermosa bailadora marroquí.

El viaje tardó más de seis meses, repletos de calamidades, en cruzar el Atlántico hasta las isla Barbados, en donde sus dos hermanos deciden tomar un barco con destino a La Habana, Cuba, ciudad en la que dos viajeros catalanes, a quienes conocieron en el viaje, los esperan y  les ofrecen hacerlos hombres de fortuna, trabajando en el cultivo de la caña de azúcar y en el comercio.

Miranda, la bailarina marroquí, quien ha sido madre durante la travesía, es la que continúa con  el relato y cuenta las vicisitudes del viaje y lo  duro y difícil que les resulta la adaptación a la vida en el nuevo mundo; es la matriarca y fundadora de una estirpe, es quien mantiene en alto el espíritu y fortaleza de la familia. Pernoctan primero en  Cayena, Cuba, Valparaíso, Lima y finalmente Kata-Mayo.

 Se desplazan río abajo en una primitiva canoa hasta que esta zozobra en un recoveco y  creen que es el lugar predestinado en donde deberían quedarse  a vivir y procrear una  gran familia y un pueblo: habían llegado a Illaqui, la tierra Illaqui era un paraíso con gran variedad de plantas tropicales, de árboles frutales, aves como garzas blancas, lechuzas, y también, cómo no, diablos y gagones. Era un valle  rodeado de altas montañas, con un clima encantador: era la tierra prometida que había visualizado Víctor Francisco en una premonición. Construyen una choza y viven de la recolección de los frutos.

Encuentran en una gruta a un grupo de indígenas de baja estatura, a los que  incorporaron al servicio de la familia, la cual finalmente estuvo compuesta por siete hijos: cinco hombres y dos mujeres.

Manuel Ignacio, el hijo mayor de la pareja, huye al Perú después de la muerte de su hermano menor Ricardo Simón. Para esa época, Illaqui era un pequeño pueblo habitado por dieciocho personas. Manuel Ignacio, quien siempre dio muestras de gran inteligencia y decisión, llegó a ser presidente del Perú en 1843.

El autor relata que en la confederación Palta, al sur de Catacocha, se había asentado durante la segunda mitad del siglo XVII un grupo de  emigrantes judío-sefardíes, huyendo de la implacable persecución de la inquisición, en donde encontraron tierras fértiles, abundante agua, buen clima y seguridad para sus vidas.

El segundo gran relato sucede entre Quito y  Madrid, protagonizado por Antonio Joaquín y ubicado cronológicamente en los años setenta del siglo XX. Parte desde el valle de los Huilcos, Vilcabamba, hacia Madrid, con una intensa escala en Quito, llena de apasionadas aventuras juveniles. Viaja en búsqueda de sus lejanos ancestros y de una posible y cuantiosa  herencia familiar.

Ubica a sus parientes en la capital española,  consigue trabajo en la casa de José David, tataranieto del gobernador y dueño del pueblo en el valle de Mena. Sus actividades como paje en la mansión madrileña, antes de revelar su parentesco le permiten investigar en la gran biblioteca de la familia. Lee especialmente cartas y documentos en forma subrepticia, en los que encuentra valiosa información con la que acude a un bufete de abogados para reclamar la anhela herencia.

Pero sucede una terrible tragedia: Se ve  inesperadamente obligado a  conducir, pese a su inexperiencia, el gran automóvil familiar,  para llevar al patrón al hospital; casi al llegar a su destino sufre un terrible choque que ocasiona la muerte de José David. Huye del lugar del siniestro y retorna apresuradamente a Quito.

Una magnifica novela en la que Manuel Vivanco desarrolla depuradas técnicas narrativas  para abordar con mucha soltura y fluidez los diversos aspectos que componen su novela: historia, ficción, suspenso, tórridos romances, mitos, costumbres, excelentes descripciones de la exuberante belleza de la naturaleza americana, reflexiones filosóficas profundas, sobre el amor, la muerte, las  relaciones padre-hijo,  los afectos y desafectos familiares, etc.

El autor nos hace ver en su nuevo libro un  notable crecimiento literario. Termina con una descripción futurista del Mandango, el imponente cerro de roca, que tiene “el perfil bien delineado de una cabeza”  y que vigila  el valle de los Huilcos, al que Antonio Joaquín regresa después de sufrir de soledad en Quito, a refugiarse en su vieja querencia familiar.  Una historia que merece le dediquemos nuestro tiempo y atención; contada en primera persona  a través de las diferentes voces narrativas, en las que se deja entrever ciertos visos nostálgicos con sabor autobiográficos. ¿Recibió Antonio Joaquín la herencia  tan buscada?  ¡Invito a ustedes amables lectores a disfrutar  de la magia de obra y a  conocer su desenlace!