Una justa preocupación

Prof. Gustavo Valdivieso Egas.

Cuando estamos, cada vez, más cerca de elegir a los nuevos dignatarios de los gobiernos seccionales de nuestro país, estimo necesaria una profunda reflexión porque está en juego el destino de nuestros pueblos y para ello es asunto primario, conocer cuáles son los proyectos, planes y programas que plantean nuestros candidatos y los recursos con que cuentan o contarán para evitar el lirismo propio de una campaña política.

Un Plan de Acción racionalmente concebido, acompañado, en lo posible, de profesionales catamayenses y concejales probos que amen a su tierra, deberá ser el escenario donde se fundamente el ansiado desarrollo de esta libérrima tierra y uno de los temas inevitables que debería ser tomado en cuenta es el del turismo que, manejado adecuadamente, con sustanciales mejoras, podría generar ingentes recursos que faciliten su auto mantenimiento y desarrollo.

Por eso es que, documentadamente, y lo digo sin ambages, sugerí en dos administraciones, un borrador de proyecto para mejorar los centros recreacionales Guayabal y Boquerón, sin que tuviese la menor atención que no sea el archivo en mi computadora.

Al respecto, conviene recordar que el Centro Recreacional del Guayabal fue construido hace más de medio siglo, por el entonces director de Predesur, doctor Bolívar Castillo y su deterioro es una lastimosa constante sin beneficio. En consecuencia, desde mi modesto criterio, se hace necesario una verdadera reingeniería que, paralelamente, sitúe los recursos financieros que brinden a Catamayo el orgullo de contar con un lugar de primer orden para propios y extraños, sin olvidar el tema del avión. Aquí no hay otra alternativa que la reingeniería.

De otro lado, el Centro Recreacional» Manuel Palacios» del Boquerón, debería ser mejorado de manera ostensible para que, evitando la gratuidad, permita un ingreso significativo, una vez que se cuente con la construcción de un sendero para llegar a la cumbre del lado izquierdo de la carretera, donde se instalaría un mirador y un comedor; construcción de un sistema dedicado a la juventud para escalar la montaña con arnés; instalación de un funicular desde la cima de la loma situada al final del puente; construcción del malecón en una extensión aproximada de 120 metros, dotado de bares, vestuarios, parasoles y baños y, entre otras cosas, la organización planificada de la pesca deportiva y el corredor turístico que una El Guayabal con el Boquerón para paseos a pie, en bicicleta, a caballo o carretas. Para todo lo planeado, debería resolverse previamente la tenencia legal del Centro Recreacional, no resuelta hasta ahora.

Para algunos incrédulos y pusilánimes, lo expuesto, realizado por etapas, lo podrían confundir con un sueño, pero por mi parte, declaro enfáticamente que, de las utopías han surgido las grandes realidades, cuando los dirigentes son capaces de romper complejos y estereotipos; tienen agallas y se enfrentan con capacidad a los grandes desafíos que impone el cargo que ostentan y no solo aquellas obras que no miran más allá del barrio y su parcela, sin contemplar lo que podría ser su pueblo, diez o  veinte años después.