El siciliano

Santiago Armijos Valdivieso

Como pocas veces, he disfrutado de una novela sobre la mafia, esa asociación de forajidos que, al margen de la ley y con las manos manchadas de sangre, han torpedeado la vida de las ciudades y los países. Se trata de la obra El siciliano en la que magistralmente se narra la vida de Salvatore Giuliano, “El Turi”, un bandolero e independentista siciliano que llegó a convertirse en una suerte de Robin Hood itálico para reivindicar los pisoteados derechos de campesinos, en temerario desafío al Gobierno de Roma, de la iglesia, de los grandes latifundistas e incluso al de los sanguinarios señores de la mafia siciliana.

Los ribetes de la narración cobran mayor interés porque se desarrollan entre 1940 y 1950, tiempo turbulento en el que se dio el auge y caída del fascismo de Benito Mussolini; y, luego del triunfo de los países aliados sobre el nazismo en la segunda guerra mundial; la llegada de las llamas rojas del comunismo soviético para tomar el poder en la bota itálica y por supuesto, en la isla de Sicilia.

La temática narrativa está tan bien construida que; a través de una historia apabullante que logra zangolotear los sentimientos del más insensible lector; da respuestas inteligentes y bien motivadas a preguntas difíciles como: ¿la mafia de qué lado estuvo? ¿qué rol jugó la iglesia en ese tiempo? o ¿cuál fue la posición de los sicilianos respecto a que Italia sea una monarquía, una república democrática o un país comunista?

Por otro lado, la obra penetra en la geografía y en las costumbres de Sicilia, tan peculiar y olvidada por el gran centro de poder que es Roma y dueña de una larga y respetable historia en la que converge la influencia de importantes pueblos e imperios que en algún momento de la larga línea de la civilización dominaron la isla. Me refiero a los fenicios, griegos, cartagineses, romanos, árabes, bizantinos, normandos y aragoneses.

Así mismo, la novela El siciliano resulta un manjar literario de obligatoria lectura para los fanáticos de la obra El padrino, dado que está plenamente relacionada, pues, aborda los pormenores de la vida de Michael Corleone en su autoexilio en Sicilia, luego de haber asesinado al narcotraficante Virgil “El Turco” Sollozzo y al corrupto capitán de policía Marc McCluskey, quienes intentaron matar a Don Vito en un hospital de New York.

 El responsable de toda esta maravilla literaria es el escritor estadounidense, de origen italiano, Mario Francis Puzo (1920-1999), considerado el más grande literato de la mafia; gracias a sus extraordinarias obras en cuya cima está El padrino, con sus extraordinarios e inolvidables personajes de la familia Corleone. Me sumo a quienes creen que el éxito de las novelas de Mario Puzo se debe a que su cautivadora prosa logra construir una versión romántica del mundo negro y criminal para seducir al lector y, mágicamente, inducirlo a que se identifique y apiade con el existir de los violentos villanos de la historia. Si esto no fuera así, quienes hemos sido maravillados con sus historias, no habríamos sentido tristeza cuando Don Vito Corleone recibe un enjambre de balas, luego de salir de su empresa Genco Olive Oil; o, cuando Santino Corleone es masacrado al ir en auxilio de su hermana Conny, en una caseta de peaje.

Algunos creen que leer novelas sobre la mafia es un sinsentido, algo inútil y un desperdicio de tiempo; porque, de alguna manera, se da importancia a los más abyectos personajes. Posición que respeto, pero no comparto, ya que, conocer historias sobre el lado siniestro del ser humano y bucear en sus excesos carnales e instintivos, nos ayuda a entender el complejo enigma del gran tapete de la vida, en el que los retazos del bien y del mal se enfrentan, danzan, se complementan, se atraen y conviven, para a partir de ello aceptar el reto de dominar los demonios que habitan nuestro interior con la ayuda de las virtudes y ángeles que también nos acompañan en el paquete del existir.

Nadie nace con predisposición natural a desarrollar conductas delincuenciales; salvo casos muy raros; pero lo que está claro es que el principal útero de la delincuencia está en la desigualdad, en el abuso social, en la ambición desenfrenada, en el pisoteo al prójimo o en el innoble proceder de gran parte de la clase política que nunca ha buscado verdaderamente el bien común sino la egoísta satisfacción de sus intereses personales y patrimoniales.

Leer esta novela, inspirada en la vida de un personaje de la vida real como Salvatore Giuliano, permite descifrar las distintas cuerdas desde las que se maneja el poder, en impúdico irrespeto al pueblo que, como indefensa marioneta, baila al torcido ritmo de los codiciosos titiriteros, representados no solamente en la mafia siciliana sino en políticos, en ciertas autoridades eclesiásticas, en nichos de la fuerza policial y en varias parcelas del poder económico.