Vida con propósito

Por: Sandra Beatriz Ludeña

Año nuevo, vida nueva, pero ¿quién sabe si con más frustración? Las emociones que se ponen a flor de piel en las fiestas de fin y principio de año suelen jugarnos una mala pasada, la efervescencia de ese tiempo nos lleva a soñar y permite pensar que somos capaces de proponernos metas bastante grandes sin un sistema a seguir. 

Estudios minuciosos en el mundo señalan que la humanidad es cada vez más emocional y menos pensante, por esto, cuando estrenamos el calendario nos proponemos objetivos inalcanzables, que no solamente son complicados por sí mismos, sino que son poco medibles y que requieren de cambios radicales que se constituyen verdaderamente en inasumibles.

Deseos como bajar de peso, correr una maratón, cambiar de trabajo, comprar un bien inmueble, hacer un viaje, encontrar la pareja soñada, son buenas intenciones al iniciar el año, pero todas se diluyen en el tiempo, porque no los acompaña un sistema que los haga realizables.

Convertir deseos en realidad es una ciencia y los especialistas del comportamiento afirman que nadie está preparado para lograrlo sin un acompañamiento o guía apropiada.  En realidad, en esto ayudan los coach, sin embargo, no todos tenemos acceso a uno.

Desde mi experiencia, yo me diseñé un pequeño sistema que me ayuda a cumplir primero objetivos y luego metas, se trata de un sistema de agenda.  Mi sistema de agenda es un libro donde registro cada uno de mis objetivos y asigno plazo de cumplimiento, luego por cada día del año vivido, anoto las acciones que realizo para el cumplimiento del objetivo.

Mi agenda sistematizada permite medir los avances, pues al finalizar la semana, reviso cada uno de los días, evalúo y califico mi avance.  La próxima semana seguiré registrando acciones hacia el cumplimiento del objetivo.  Así, si quiero cambiar de trabajo, todos los días entro a la búsqueda de mejores oportunidades laborales, hago contactos, genero citas, realizo propuestas. Luego hago seguimiento, voy mirando a quién le interesó mi propuesta, sostengo reuniones, nuevas conversaciones, planteo ideas y revisiones.  Y sigo midiendo el avance y autocalificando la gestión.

En el proceso estoy atenta al tiempo que me toma conseguir cada avance.  Finalmente, si el plazo se ha consumido y considero que es justificable, me concedo una prórroga para continuar con el proceso hasta lograrlo.

Este sistema sencillo, contiene tres partes: la primera que es planteamiento del objetivo y asignación del plazo de cumplimiento. La segunda que es ejecución de acciones diarias. Y la tercera, no menos importante, que es el seguimiento, hasta que se cumple lo propuesto. Solamente cuando existe un sistema podemos hablar de una vida con propósito que ve frutos.