Mi viejo lindo al fin llegó cansado
de bregar por la vida, por sus hijos;
y aunque parece se le habían velado
en los suyos tuvo los ojos fijos.
No en vano trascurrieron largos años
desde la edad primera cuando niño,
mis pasos endilgo con gran cariño
por la senda del bien, libre daños.
Pues en adversidad de la jornada
con mi madre querida, venerada,
iguales compartieron los desvelos.
Y si bien se encontró cuán doblegado
al fin y al cabo ya se había ganado,
un cupo allá en la gloria de los cielos.
Acf.
