Diego Lara León
“Que todos cambien menos yo”, es una frase que se usa mucho para conceptualizar a aquellos que promueven el cambio, siempre y cuando no les toque cambiar.
El ser humano por naturaleza tiene resistencia al cambio, eso es normal. Lo que no debe ser normal, es no luchar contra esa resistencia.
Ojo, que cambiar no significa borrar todo y empezar de cero a cada momento, los procesos de desarrollo requieren estabilidad a mediano y largo plazo, pero los procesos deben ser dinámicos y flexibles.
¿Cómo saber si estamos formando parte de aquel grupo de personas que promueven el cambio, pero no cambian? Veamos algunos ejemplos: Hay quienes promueven que otros paguen mas impuestos, pero cuando esos nuevos impuestos también les toca pagar, protestan. Hay quienes exigen mejoras en su calle, barrio o ciudad, pero cuando deben contribuir para esas mejoras, cambian de opinión. Hay quienes protestan porque la ciudad no está limpia, pero no barren su pedazo de vereda. Hay quienes exigen que haya mas industria en su localidad, pero ellos no generan una fuente de empleo, ni consumen lo local. Hay quienes exigen que los funcionarios y profesionales tengan méritos y experiencia, pero no se capacitan. Hay quienes piden mejores políticos, pero no se involucran en política, ni votan bien.
Hace unos días, por mi trabajo visité, como lo hago regularmente diferentes poblaciones de la provincia de Loja, que geográficamente son alejadas de la cabecera provincial. La provincia de Loja es extensa en territorio, diversa en pisos climáticos, en vocación productiva, en necesidades y potencialidades, por lo que es necesario estar ahí para entender y atender de mejor manera a cada población, recordemos que una solución acertada solo se logra con una estrategia acorde a cada necesidad.
Luego de varios días de trabajo coincidí con algunos funcionarios de entidades públicas y privadas en una reunión con un grupo de representantes de asociaciones y entidades locales. Al finalizar la jornada, pidieron que la siguiente reunión sea en la cabecera provincial, “porque ahí es la sede principal”, sin embargo ¿no es más fácil, movilizar 3 personas a territorio que 15 personas a la sede principal?
Inmediatamente, relacioné ese tema con la frase: “que todos cambien menos yo”. Quienes no vivimos en la capital del país, al menos una vez, nos hemos quejado del centralismo absorbente y perverso. Se dice a manera de comparación que: “Dios está en todas partes, pero atiende en Quito”; pero, ¿quiénes vivimos en las capitales provinciales no somos centralistas con los cantones y parroquias, más aún en una provincia tan extensa como Loja?
¡Ver el problema y no cambiar, es formar parte del problema! ¡La comodidad personal, nunca debe estar sobre la necesidad colectiva! ¡Descentralicemos primero nuestros esquemas mentales!
@dflara
