La paz perfecta

Cuentan que en una ocasión una importante galería de arte invitó a varios pintores a realizar una obra en la que se muestre “La paz perfecta”. Todos ellos plasmaron hermosos paisajes: atardeceres cálidos sobre montañas altísimas, o bien rayos de sol acariciando las más bellas flores. Sin embargo, uno de los pintores creó un cuadro muy diferente al resto. Su paisaje mostraba un mar enfurecido, nubes amenazantes y un precipicio sobre el que se alzaba un árbol. El jurado estuvo a punto de desechar esta última obra por considerarla ajena a la temática del concurso, pero un observador anónimo los hizo cambiar de opinión cuando dijo: “Si se fijan, sobre el árbol que se asoma al precipicio y bajo la tormenta, un pequeño pájaro descansa en su nido ajeno al viento y al oleaje. Este es sin duda el mejor ejemplo de la paz perfecta”. Demás está decir que dicha obra fue la ganadora.

El apóstol Juan recoge las palabras pronunciadas por Jesucristo poco antes de su crucifixión “La paz les dejo, mi paz les doy; yo no la doy como el mundo la da. No se turbe su corazón, ni tenga miedo” (Juan 14). El Señor sabía que vendrían tiempos difíciles para sus seguidores, pero ellos no estarían solos. “En el mundo tendrán aflicción; les decía, pero confíen, yo he vencido al mundo” (Juan 16). La vida está llena de circunstancias, algunas de ella poco deseables, pero lo cierto es que la paz que brinda Jesucristo no está basada en circunstancias, es una paz permanente, es tener paz en medio de la tribulación, es estar en paz cuando la enfermedad acecha, es sentir paz cuando el dinero escasea, es permanecer en paz a pesar de la pérdida. Jesús venció al mundo. Él está con nosotros y si Él esta con nosotros nada nos podrá vencer.

¿Cómo se puede estar en paz cuando todo se desmorona? preguntarán algunos, la respuesta del apóstol Pablo es contundente: “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4). Así es la Paz que Él nos da, sobrepasa todo entendimiento, simplemente llega, se siente. El hombre que se comporta según las circunstancias no puede auto producirse paz, es el poder de Dios el que hace que suceda

El Señor nos dice: “Guardaré en completa paz a todo aquel que en mi persevera porque en mi confía” (Isaías 26). Así que, si buscas la paz perfecta, acércate, confía en Él, reposa en Él, persevera en Él y al igual que el pajarito de la historia, descansarás ajeno a la tormenta.