Quilanga, 23 de noviembre 2023
Desde hace ocho años nuestra ciudad y provincia de Loja cambia de rostro, deja la rutina de la cotidianidad para transformarse en la ciudad de colores, en la ciudad de la acogida, de la espontaneidad, de la unidad de la familia, se llena de luces, es la ciudad del arte que nos sensibiliza y que nos fortalece en la educación, en la identidad y en los valores.
Razón tienen las redes sociales cuando leemos por allí “que necesitamos más arte, más educación, no para tener más artistas, ni más centros educativos, sino para ser mejores seres humanos”, qué buena afirmación, no se equivoca quien la creó, ni quienes la recrean, en modestas palabras nos muestra la razón de ser de las personas en la sociedad, que es SER mejores personas, más humanos y ello se logra desde el arte y sus distintas expresiones: la danza, el canto, la pintura, la poesía, el dibujo…, todo aquello que nos sensibiliza y nos permite encontrarnos con nosotros mismos y con el otro, con el diferente, con el diverso.
Los colores, la variedad de luces, la recuperación de historias y de personas, desde la pintura, no hacen sino mostrar la diversidad de la que estamos integrados, de la gama multicultural de la que nos constituimos y de una identidad nacional que nace desde nuestras culturas milenarias que nos hablan del buen vivir y nos llaman a ser mejores ciudadanos, mejores prójimos.
Los colores que adornan las viviendas, los parques, las calles y que visten los artistas para sus presentaciones y recrear personajes locales, nacionales e internacionales son la viva expresión de la alegría con la que se debe vivir la vida. Por cortos quince días la ciudad y la provincia dejan la tragicomedia a la que nos enfrentamos por la violencia, la inseguridad, la indiferencia y la deshumanización social envolvente en una sociedad líquida que dista de la armonía de colores y valores.
Los colores son las expresión más sublime y divina que el creador pudo plasmar en su himno creador y que el génesis lo relata y concluye que “todo fue bien hecho” y que lo puso al servicio de las personas para que sea bien utilizado y cuidado. La divinidad aún ha sido más prodigiosa al regalarnos que la Madre y Reina de El Cisne tenga su asiento en la provincia y que sea sujeto de plasmar en las calles los mejores retratos, cuyos caminantes no dejan de tomarle una foto, como recuerdo de cada edición del FIAVL.
Vale la pena también señalar que desde hace ochos años, las ediciones van mejorando, propios y extraños graban memorias para la posteridad y los organizadores del evento corrigen los errores de cada año, cada año el trabajo colaborativo muestra que juntos pueden ser más fuertes, la juventud estudiosa y sus padres de familia pone el mejor esfuerzo y compromiso de mostrar la mejor de Loja al mundo.
Pero, no basta con maquillarnos por quince días, vale ya encender la llama por trascender y que nuestra ciudad y provincia sea la mejor expresión de arte todo el tiempo —y ello pasa por contextualizar nuestro currículo educativo a escala local y provincial— y durante cada año descubramos en las aulas, en los teatros, en los parques y en las calles, nuevos valores artísticos que se apoderen de los espacios públicos para, domingo a domingo, presentar lo que piensan, hacen y viven desde el arte.
Desde Loja para el mundo y que el mundo ponga sus ojos en Loja, debe ser nuestro objetivo.
