Una formación de lectores autodidactos y proficientes

Galo Guerrero-Jiménez

Escuchar la voz del texto desde el silencio profundo del sujeto que lee, es quizá una de las mejores respuestas para la comprensión, entretenimiento, verificación, inferencia, reflexión y organización consciente de la información que al ingresar a la cognición del sujeto leyente, se organiza mentalmente desde una actitud activa y fluyente psicolingüísticamente desde la placidez neurológica que el cerebro recepta y, por ende, optimiza esa información en calidad de conocimiento con sentido reflexivo, razonado y con la suficiente proficiencia como para sentirse un lector competente, iluminado y emocionalmente predispuesto para extraer de ese componente de letras leídas su mejor condimento que de lo humano, de lo científico, de lo artístico, de lo cultural y/o de lo socio-ecológico que un texto respira con placidez, según sea la temática que el escritor haya escogido para organizar el texto y ofrecerle al lector la efervescencia de su mejor argumentación intelectual.

Saber escuchar, en efecto, cómo el texto le habla silenciosamente a ese lector compenetrado de una atención singular gracias a la habilidad mental que tiene para poner toda su atención posible en el texto desde su mejor disposición personal, en donde no es la presión ni la obligación lo que lo mantiene en pie para leer; sino esa disposición personal, libremente elegida, atrayente y con la firme decisión “de hacer realidad una de las promesas más vigorosas e ilusionantes que contienen los libros y la lectura: la de humanizarnos, la de armonizarnos, la de dotarnos de un espíritu de indagación irredento, la de convertirnos en sagaces y críticos pensadores” (Rodríguez, 2023).

Ese espíritu de indagación hasta llegar a ser un ente reflexivo, crítico y exponente de ideas y argumentos sólidos, debidamente razonados e intrasubjetivamente fundamentados desde un alto grado de formación moral, estética, científica y humanísticamente consolidados, solo se da luego de un largo recorrido de lecturas selectas “y de quienes ya lo han logrado y pueden ir a mayores niveles de comprensión y convertirse en lectores proficientes, que usan y se involucran con variedad de textos, libros, artículos en línea y redes sociales para encontrar información, entender el significado literal e implícito y reflexionar críticamente en el contexto y la forma” (Villegas Zambrano, 2023).  

En definitiva, “la lectura como una habilidad fundamental para el desempeño académico, el éxito profesional y la participación plena en la sociedad”, como dice Villegas Zambrano (2023, p. 12), para actuar micropolíticamente en todos los contextos en donde es posible llegar con la palabra y el accionar más fecundo, prolífico y cargado de condumio humano.

De ahí, la importancia de saber despertar en el estudiante el compromiso para fomentar el hábito y el placer por la lectura. Pero, ante todo, como aseveran Dayse Villegas Zambrano y Eduardo Molina Morán, una formación de lectores autodidactos, en la que “el hábito lector, (…) puede definirse como ‘el autoentrenamiento diario de la lectura, que asciende gradualmente en tiempo, complejidad y temática, impulsado por una necesidad vital de conocimiento, participación y autoestética, y cuya ejecución provoca placer en el sujeto’. Es leer por decisión propia, de manera constante y por el gusto de hacerlo” (2023), tal como se degustan sanamente muchas cosas que, por el placer de hacerlo, nos sentimos satisfechos; se trata de un gusto personal, enormemente sentido, silenciosamente escuchado en lo profundo de nuestro yo; pues, las palabras leídas nos llegan para dialogar con ellas desde mi más plena libertad para pensar, sentir y ver la vida desde una óptica personal,  en la que, muy dentro de mí, se va consolidando una nueva modalidad cultural: asertiva, fluyente, relajante en el trajinar de la vida.