“El agua del pozo”

SABEL

Esto dice de la experiencia de una adolescente que vivía en un mundo moderno, pero subjetivo. Contrariamente a lo que su padre le retaba: ¡Vive! Allá afuera hay un mundo objetivo sin tibiezas, el agua del pozo es fría y no está hecho para blandos.

Nunca entendió a su padre, pero creía que el mundo es frío. Mientras que a su hermano no se le advertía del agua del pozo.

Así creció, creyendo que el agua era siempre fría, el mundo duro, la gente mala, la vida dura. Y esa creencia se cumplió. En el colegio, las compañeras eran malvadas. En el barrio abundaban criticones. Por todo lado la rodeaban embaucadores. En el amor fue objeto de maltrato. El agua del pozo era fría.

Con el tiempo reflexionó acerca de su realidad triste, pero no así la vida de su hermano. Él tenía amigos muy leales y novia que lo amaba. En el barrio era popular, lo buscaban por simpatía. En general para él, el agua del pozo nunca fue tan fría.

Entonces, quiso preguntar al pozo en su transparencia, ¿es verdad que tu agua es fría? El pozo contestó: eso depende de los que la aprecian. El mundo que tú ves es distinto al que yo veo, tu interpretación del entorno es distinta a la mía.

Sólo así vio que la percepción de cada uno cambia el mundo. El agua del pozo está a dieciocho grados, pero puede ser diferente para cada uno. Para unos está fría, para otros, templada. Es la forma de pensar lo que hace diferente: “El agua del pozo de la vida”.