“Las canciones de la fuerza”

SABEL

En las historias de los ancestros, en tiempos de crisis, guerras, epidemias, embates de la naturaleza, cuando todo el mundo se rendía, eran las mujeres las que cantaban las canciones de la fuerza.

Shina es el símbolo de la madre, quien alberga la fuerza generadora de vida. En la mujer está concentrado el poder femenino, tanto en esencia como elemento inagotable, algo que late con la consciencia del universo y conecta con ese poder supremo.
En noches de luna, no era extraño, con las fogatas encendidas, hacer la danza y tomadas de las manos encorar esos sonidos de la fuerza. La mujer es esa cueva, un refugio oscuro, y a la vez una entraña para la claridad. Su matriz es el centro del mundo, un lugar para albergar vida.

Si tenemos consciencia de lo que representa lo femenino, no podemos ser extraños, que el poder de las mujeres va mucho más allá de lo físico. Todo esto, cuando el mundo se debate entre la vida y la muerte, es la mujer la elegida para cantar “Las canciones de la fuerza”.

Somos fortaleza, somos vida. Somos un vínculo infinito con el cosmos. Ármate mujer para rehacer lo posible, ármate mujer para revivir el mundo. Que la vida sea más fuerte que la muerte. Ármate para seguir cantando, seguir luchando por la vida. Y las canciones dicen: con amor todo es posible, con Dios mi padre, la naturaleza mi madre, la tierra mi hogar, el mundo mi patria, el vecino es mi hermano, el enemigo mi maestro… Somos fortaleza, somos vida. Así “las canciones de la fuerza”, las hacen las mujeres.

Sabiduría popular para la vida