“Hasta florecieron guayacanes”

SABEL

Este relato habla de adaptarse al cambio. Lo difícil es renunciar a lo construido, lo fácil volver a rediseñarlo. Ahí radica el secreto de adaptación.

Esta es la historia de una mujer que vivía sola en un pueblo, fue acusada de hereje y blasfema, por su poca costumbre de ir a misa los domingos, esto creó rumores maliciosos que dañaron su imagen, logrando que los vecinos la repudiaran. Hasta la odiaban.

De esta manera, algunos pueblerinos gozaban con mortificarla y causarle todo tipo de daño. El morbo les hacía ensañarse. Un día, hubo una procesión de San Roque, al pasar por la casa de la hereje, muchos de los fieles, tomaron puñados de piedras del camino pedregoso y lanzaron a la casa de la mujer. Una vez pasada la procesión, ella salió a constatar los destrozos. No denunció, no protestó, simplemente no permitió que eso le haga más daño. Hasta sacó ventaja.

De esta manera, trajo la escoba y amontonó la piedra en un solo lugar, luego tomó pintura de colores y pintó cada piedra otorgándoles belleza y finalmente pegó la piedra en la fachada de su casa, haciendo un precioso mural religioso. Hasta logró acentuar su espiritualidad.

Su forma de pensar se adaptó a la nueva realidad e hizo que no llore la pérdida sino invente la alegría para los que anden por allí. Así, la gente al pasar, miraba el mural y se esperanzaba, rezaba, se persignaba ante su casa; todo cambió. Hasta florecieron guayacanes a su alrededor.